viernes, 9 de marzo de 2012

Gabriel García Márquez: Cartagena viva, Cartagena soñada

Cartagena de Indias, Colombia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

         De repente, sabes que éste es el lugar. Basta con pasar por los arcos que se abren en la muralla bajo la torre del Reloj y cruzar la plaza de los Coches para llegar al Portal de los Dulces. A la sombra de los arcos se alinean los puestos que ofrecen sus tesoros: pastelillos de ajonjolí, panderitos de yuca, marranitos de leche, casadillas de coco, caballitos de papaya, delicias con una tendencia irrefrenable a la dulzura y al diminutivo. Y en ese pequeño mercado de ambiente bullicioso aparecen las “matronas negras, sentadas como ídolos monumentales frente a las baratijas de artesanía” y los vendedores de lotería con los que se cruza un personaje de Del amor y otros demonios. Y, sobre todo, uno es consciente de que —aunque el autor le de otro nombre al lugar— aquí sucede la escena clave del desamor de Fermina Daza por Florentino Ariza que desencadena la historia de El amor en los tiempos del cólera. el lugar donde más tarde durante años el protagonista escribirá cartas de amor a los amantes que no son capaces de expresar sus sentimientos.

Cartagena de Indias, Colombia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

         Al azar de las calles de Cartagena de Indias es posible hacer un viaje doble: uno por la ciudad real y otro por la imaginada y descrita en esas dos obras por Gabriel García Márquez. Esta Cartagena literaria es igual a la primera pero ligeramente diferente, un poco desenfocada, y acaba siendo un juego descubrir dónde encaja una con la otra. Incluso sabiendo que en ningún momento se menciona el nombre de la ciudad en las dos novelas.

Cartagena de Indias, Colombia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

         La parte antigua es un cofre lleno de historia y arte, un museo de arquitectura en el que hay mercados de frutas, ropa y sueños. Por aquí pasa gente real, con su historia propia, y uno puede imaginarlos como personajes de García Márquez, no menos reales y capaces de vivir el amor incluso en los tiempos del cólera.

Cartagena de Indias, Colombia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

         Eso sí, en lugares con los nombres cambiados. Si el imaginado Portal de los Escribanos coincide con el Portal de los Dulces, el parque de los Evangelios habrá que buscarlo en la plaza de Fernández de Madrid, donde se encuentra la casa de Don Benito, donde podría vivir Fermina Daza.  

Cartagena de Indias, Colombia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Al azar de cualquier paseo se llegará, tarde o temprano, a la plaza Bolívar, donde aparece el palacio de la Inquisición, que bien pudo ser el modelo del colegio de la Presentación de la Santísima Virgen, al que acudía la muchacha antes de ser expulsada por guardar una carta de amor. La casa de Florentino se corresponde fielmente con la Casa de las Ventanas de la calle Landrinal. El antiguo convento de Santa Clara, escenario principal de Del amor y otros demonios, es ahora un hotel de lujo con el mismo nombre. El barrio de Getsemaní, extramuros, es el único que aparece con su nombre en las dos novelas.

7 comentarios:

  1. Escribe usted muy bien, estimado Don Ángel (sin desmerecer para nada las fotos). Y luego querrán que se hagan textos como este sin ir al lugar. O yendo al lugar pero pagando simbólicamente y cediendo los derechos ad eternum.

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    1. Jordi, considero exagerado su primer comentario, pero coincido con el segundo; muchas gracias

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  2. Bonito homenaje le estás haciendo a Gabo con tus post.

    Un abrazo!

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    1. Gracias Pau. Se puede viajar muy bien con GGM en la mochila

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  3. Coincido con Jordi. Ya sólo se puede escribir así (hay excepciones, pocas) para nosotros mismos y nuestros lectores, que ahora se llaman followers.

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    1. Rafa, dado que en el mundo se escriben millones de páginas al día, el único hueco que nos queda es escribir tal como creemos que deba hacerse. Gracias por escribir.

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  4. Gracias por esto. Gracias. Valoro infinitamente este trabajo, quiero hacerlo en carne propia. Es como ir descubriendo a Gabito. Estoy enamorada de ese viejito.

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