lunes, 31 de octubre de 2011

Sri Lanka: Polonnaruwa, la ciudad perdida

Polonnaruwa, Sri Lanka. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Sigiriya es sólo uno de los restos del pasado glorioso de Sri Lanka, la "Isla Resplandeciente", que muchos describen como una perla colgada a los pies de la India. Ambos países están separados por un estrecho canal poco más ancho que lo que puede alcanzar la vista, y donde se encuentra el Puente de Adán. India, el inmenso vecino, ha dominado la historia y la cultura de Sri Lanka desde hace siglos.
Sigiriya está incluida dentro del Triángulo Cultural de Sri Lanka, donde se incluyen los grandes enclaves históricos y las antiguas capitales singalesas como Kandy, Anuradhapura y Polonnaruwa. Muchas de ellas fueron verdaderas ciudades perdidas, olvidadas completamente al ser devoradas por la selva, y durante siglos no fueron más que leyendas transmitidas de padres a hijos pero que nadie había visto.

Polonnaruwa, Sri Lanka. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Hay por ello una cierta sensación de penetrar en un mundo mítico al adentrarse en las ruinas de Polonnaruwa, la capital engrandecida en el siglo XII por Parakrama Bahu el Grande, al deambular entre lugares sagrados, palacios reales, pabellones, baños, parques y jardines levantados para el placer. Pensar que el gran vatadage, con la dagoba, con sus figuras de Buda sentado y su muralla circular estuviera comido por la selva y haya vuelto a la vida es como recuperar una civilización perdida. Ya recordé el detalle sorprendente del Gal Pota, el "Libro de Piedra" de nueve metros de largo, repleto de inscripciones realizadas hace mil años que todavía pueden ser leídas por los peregrinos actuales.
También recordé hace unos días que aquí se encuentra el conjunto de Gal Vihara, con sus cuatro grandes imágenes de Buda talladas directamente sobre un gran bloque de granito. Cuando llegamos, las ofrendas de incienso humeaban delante de cada uno. La gran figura del Buda reclinado, de 14 metros de largo, le muestra entrando en el nirvana. Lo repito: mirar su rostro sereno es enfrentarse a una civilización distinta a la nuestra, a otra forma de entender el mundo.

viernes, 28 de octubre de 2011

Sri Lanka: Sigiriya, un palacio en el aire

Sigiriya, Sri Lanka. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Ha sido fácil encontrar el camino hacia Sigiriya, porque la gran roca sobre la que se alza este antiguo palacio destaca en el paisaje a decenas de kilómetros. Es como una isla de piedra en el mar verde de la vegetación que la rodea. Hemos venido por caminos de tierra roja, que parecían heridas que se abrían a la tierra, para buscar el refugio que hizo construir el rey Kasyapa hace 15 siglos. Sigiriya, la Montaña del León. Un palacio el aire.

Sigiriya, Sri Lanka. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Pasamos por los jardines que se extienden al pie de la roca, con piscinas y palacios utilizados únicamente en la estación seca, y empezamos la ascensión a este peñasco inmenso que sobresale 200 metros sobre el bosque tropical. Se sube por una escalera empinada y, de repente, a medio camino, en un entrante de la roca, aparecen las doncellas de Sigiriya.

Sigiriya, Sri Lanka. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Esta galería de pinturas lleva desde el siglo V asombrando a todos los que emprenden este camino. Las doncellas parecen surgir de unas nubes rojas, y son las únicas pinturas antiguas de carácter no religioso de la isla. Sólo quedan 21 de las más de 500 que debieron de existir en otro tiempo, y vistas desde abajo parecerían un ejército de ángeles flotando en el aire. Más allá, el camino se acerca al vacío y está protegido por un muro construido también hace muchos siglos. En esta pared los peregrinos de hace mil años escribían la impresiones que les producía una visión tan celestial. "Las damas que llevan cadenas de oro sobre sus pechos me atraen. Al verlas tan resplandecientes, el cielo ya no me parece tan deseable". Bueno, quizás la visión no les resultara realmente tan celestial.

Sigiriya, Sri Lanka. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Desde luego que la historia de Sigiriya no lo es, ya que habla de traiciones, asesinatos, batallas terribles e incluso el emparedamiento vivo del rey Dhatusena (por orden de su hijo Kasyapa, que también hizo huir al heredero legítimo del trono).

Sigiriya, Sri Lanka. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Antes de emprender el tramo final de la ascensión se pasa por la Puerta del León, entre las inmensas garras talladas en la roca. Los peregrinos debían de pasar antaño entre las fauces de un gigantesco león que ha desaparecido. 

Sigiriya, Sri Lanka. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
De cualquier modo, una vez que se llega a la cima después de trepar por una escalera que se asoma al vacío, la vista se extiende por las llanuras circundantes. el trono real, tallado en la roca viva, mira hacia la salida del Sol. Un gigantesco depósito de agua parece una lujosa piscina. Es fácil pensar que se está en lo que fuera un gran palacio, un pequeño Versalles colgado en lo alto de una montaña. Un palacio en el aire, que parece flotar sobre los jardines de la llanura.



viernes, 21 de octubre de 2011

Michel Peissel, siempre

Mustang. Reino prohibido en el Himalaya, de Michel Peissel. Foto: Ángel M. Bermejo (c)


Tengo mil viajes pendientes. Por cada uno que realizo tengo diez ideas. Poco a poco voy cumpliendo algunos de mis sueños, que muchas veces se remontan a décadas atrás, cuando tenía poco más de 16 años y el mundo se desvelaba ante mí. Hace poco recordaba uno de mis viajes pendientes, en busca de los lagos de colores de la isla Flores, en Indonesia. Esta idea había surgido al leer un reportaje de Walter Bonatti
Mi viaje pendiente, mi viaje de verdad, es el de recorrer Mustang. En este caso la semilla de mi deseo lo plantó el libro de Michel Peissel Mustang. Reino prohibido en el Himalaya, que leí también hace muchos años.
A veces pienso que en realidad no quiero ir a esos lugares, porque si me lo propusiera en serio ya habría ido a ellos. Que los guardo en mi carpeta de viajes pendientes para demostrarme que el mundo es todavía muy grande, de hecho cada vez más grande, y que los proyectos viajeros son mucho más anchos que una vida.

Michel Peissel. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Con un retraso de dos semanas acabo de enterarme del fallecimiento de Michel Peissel. Ya dije en una de las primeras entradas de este blog que era una de las personas que, a través de sus libros, más había influido en mi vida.
Tuve la suerte de conocerlo el año pasado, en la entrega de premios de la Sociedad Geográfica Española. Hablé un rato con él, le conté cómo había despertado (junto a otros) mis ansias de viajar y conocer el mundo, y que tenía pendiente el viaje a Mustang. Sin previo aviso saqué de una bolsa el libro y le pedí que me lo firmara. Allí lo tengo escrito: que espera que algún día yo también pueda ir a Mustang.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Ecuador: curiosidades sobre la línea del Ecuador


Resulta curioso comprobar cómo lo que ves no es necesariamente la prueba de nada. Oyes hablar del efecto Coriolis, ves los mapas del hombre del tiempo y te dicen que en un hemisferio norte los ciclones giran hacia un lado y en el otro al contrario, y que pasa lo mismo con el desagüe de un lavabo. Y vas a la línea del Ecuador, hacen delante de ti la prueba de como desagua el agua, te crees que ésta es la prueba, y resulta que no. Que no es la prueba de nada.
En fin, el que quiera un tratamiento serio de esta aparente contradicción, de esta curiosidad mal explicada, de esta paradoja con poco sentido, lo mejor es que entre en este enlace. Es de Scientific American, así que es una fuente consistente. De verdad, no lo que he puesto aquí en las últimas entradas.


viernes, 14 de octubre de 2011

Ecuador: misterios sobre la línea del Ecuador, II



En una entrada anterior hablaba de un experimento muy curioso que había vivido sobre la línea del Ecuador, concretamente en el Museo de Sitio Intiñán. Éste es el lugar por el que realmente pasa el paralelo 0, a unos 200 metros del monumento conocido como Mitad del Mundo, que se encuentra a su vez a unos kilómetros al norte de Quito.
La experiencia que mostraba en el vídeo anterior no pretende tener ningún valor científico, y muestra un efecto que yo diría que es superior al habitual, cuando pretendes caminar en línea recta con los ojos cerrados. Tiene que ver, dicen, con el efecto de Coriolis.
Sin embargo, puedo decir que el resultado de esta segunda experiencia que muestro en el vídeo de hoy yo no podría explicarlo. He consultado a Jordi Busqué , uno de mis físicos de cabecera y que se mostró muy escéptico con mi primera prueba, no puede darme una explicación satisfactoria.   
En fin, sólo queda ver el vídeo y que cada uno saque sus propias consecuencias.  

lunes, 10 de octubre de 2011

Ecuador: en la radio con El Fotógrafo Viajero

Iglesia de la Compañía de Jesús, Quito. Foto: Ángel M. Bermejo (c)


Plaza de San Francisco, Quito. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Ayer tuvimos el placer de hablar en la radio con Rafa Pérez, Elfotógrafoviajero, sobre Ecuador. Se puede oír el programa en este enlace

Hacienda La Alegría, Ecuador. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Mercado de Otavalo, Ecuador. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

domingo, 9 de octubre de 2011

Ecuador: sorpresas en la línea del Ecuador, I

Latitud 0'00111. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Los viajes están llenos de sorpresas, de todo tipo. A algunas sólo puedes llegar en determinado momento o lugar, y ello puede justificar un viaje.
Acabo de regresar de Ecuador, y allí me he encontrado con algún fenómeno sorprendente.
Como es bien sabido, Ecuador debe su nombre a que es atravesado por la línea del Ecuador, pero hasta hace muy pocos años se calculaba sólo aproximadamente por donde pasaba esta línea imaginaria, pocos kilómetros al norte de Quito. Ahora, con los GPS es posible saber casi al milímetro por donde pasa.
Allí se pueden hacer algunos ejercicios que te dejan boquiabierto. Por ejemplo, el que muestro en el vídeo: resulta muy difícil caminar con los ojos cerrados en línea recta. Íbamos varios en el grupo y a todos nos pasó lo mismo.

video


Hicimos más experimentos, que mostraré próximamente.

jueves, 6 de octubre de 2011

La música y los viajes

Hace muchos años me compré un walkman, que llevé en varios viajes. Era un gusto oír música en los largos viajes de tren a través de Europa con el Inter-Rail. Pero también era un lío cargar con las cintas así que al poco tiempo lo guardé en un cajón y me olvidé de él.
Hace muy poco volví a la carga, lógicamente adaptado a los nuevos tiempos. Volví a sentir el placer de disfrutar de cierto tipo de música en determinados momentos y en determinados lugares.
Por ejemplo, este verano, en mitad del Cáucaso. Fui en autobús desde Tiflis a un pueblecito cerca de la frontera rusa, alquilé una habitación en una casa y me fui a caminar por el monte. A la caída de la tarde regresé a mi albergue. En todo ese momento no existía la música.
Después de cenar salí a contemplar las estrellas. El cielo mostraba una inconmensurable cantidad de puntos de luz. Mil veces he contemplado este espectáculo, que a veces he pensado que es el más bello de la naturaleza.
Y en esta ocasión llegó la tentación de la música. Saqué de la mochila el ipod y elegí la Sonata de piano nº11 de Mozart. Tumbado en un poyete junto a la puerta de la casa, contemplé el firmamento estrellado. Y por primera vez en la vida se me ocurrió pensar que cada estrella tendría un sonido diferente, una nota propia. Alargué los brazos y empecé a tocar la música de Mozart en el piano celestial: Andante grazioso. Menuet. Rondo alla Turca.
Cada estrella que tocaba con un dedo, una nota.
Va a ser verdad lo que se dice de que Steve Jobs (y sus imitadores) ha cambiado la forma de usar ciertas máquinas y de disfrutar de la música y de tantas cosas más.
La noticia de hoy es el fallecimiento de Steve Jobs

lunes, 3 de octubre de 2011

Crossing the bridge / Cruzando el puente




Una pequeña historia turca: cruzar el Bósforo, pasar de Europa a Asia en 35 segundos. Puede parecer un mundo, pero es cosa de todos los días. O, dicho al revés puede parecer cualquier cosa, pero es impresionante.
Como no sé si se distingue bien el final, muestro el detalle de lo que colgaba en el interior del autobús que me llevó desde Estambul al interior de Anatolia:


Interior de autobús turco. Foto: Ángel M. Bermejo (c)