Dicen que la vida surge del agua.
Dicen que los volcanes fertilizan la tierra con sus cenizas.
Dicen que la vida de los hombres
y las mujeres es una línea que va desde la cuna a la tumba. Que ningún momento
vuelve.
Pero hay momentos que se repiten
continuamente, con diferentes actores cada vez, y entonces parece que no pasa
el tiempo. O que no importa que pase. O que la eternidad se concentra en un solo momento.
Me acuerdo ahora de un baile en
una aldea griega que ocurre en las páginas de Vida y hechos de Alexis Zorba, de Nikos Kazantzakis: “Desde
hace millares de años, mozos y mozas bailan bajo los árboles de renovado
follaje … y seguirán bailando dentro de millares de años … Cambian las caras,
que se marchitan y vuelven al polvo de donde salieron; otras reemplazan a las
primeras y son reemplazadas a su vez. Un bailarín único, de innumerables
semblantes, danza al correr de los siglos, en la flor de sus veinte años, inmortal”.*
Durante millares de años hay un
bailarín único e inmortal. También, en un solo día, hay quien nace, quien
juega, quien galantea, quien se casa, quien tiene un hijo, quien muere anciano.
Ahora estoy buscando fotos del
viaje por Nicaragua del año pasado. Y me acuerdo de una esquina en El Castillo
donde, con pocos minutos de diferencia, vi a unas niñas jugando y el paso de un
cortejo fúnebre.
Pero centrémonos en la vida.
Ahora miro las fotos y me acuerdo de la isla de Ometepe,
en el lago Nicaragua. Y me acuerdo del señor que se bañaba con su hija pequeña
en el lago, y había un volcán al fondo y las olas empezaban a batir con fuerza
y el padre protegía a su hija y la juntaba contra su cuerpo.
Y pienso que ese hombre hace ya
bastantes años, seguro que iría alguna tarde con un algún amigo a pasear, los
dos juntos sobre el mismo caballo, y que el caballo abrevaría en las aguas
dulces de este lago que parece mar.
Y pienso que algunos años después
cortejaría a alguna muchacha, juntándose lo más posible a ella, probablemente
en algún viaje en barco por el lago, de camino
hacia algún lugar o de vuelta a casa.
Y pienso que dentro de pocos años
la niña irá de paseo con alguna amiga, y que puede que monten a caballo, las
dos muy juntas. Y que dentro de varios años será cortejada por algún muchacho…
Las tres fotos están tomadas en
menos de 24 horas, en la isla y en el lago, porque los actores son diferentes.
Pero también podía haber tardado muchos años si hubiera fotografiado al mismo personaje al cabo de los años. Y las imágenes serían exactamente iguales.
La vida surge del agua, y junto
al agua. Los volcanes siguen ahí. Y todos, muy juntos.
*Traducción de Roberto Guibourg.








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