viernes, 15 de julio de 2011

Los tesoros (casi) escondidos del románico en Auvernia

Lavaudieu. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Cuando al pasear por Clermont-Ferrand bajas por la rue du Port, cruzas la rue Pascal y te dicen que vas a ver una iglesia que está declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco te preguntas dónde puede estar. Pero giras a la izquierda en un callejón y allí está, escondida, una de las joyas de Auvernia.


Notre-Dame du Port, Clermont-Ferrand. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Notre-Dame du Port, Clermont-Ferrand. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
 La iglesia de Notre-Dame du Port es un tesoro de esos que no te ganan por la grandiosidad ni por la riqueza de la decoración, sino por ese no sé que se halla por ventura en las obras hechas con el corazón. Hay una armonía en el conjunto (que fue muy dañado durante da Revolución Francesa aunque ha sido restaurado con tino) que impresiona.

Notre-Dame du Port, Clermont-Ferrand. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Notre-Dame du Port, Clermont-Ferrand. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Notre-Dame du Port es uno de los grandes triunfos del románico en Auvernia, una región en la que el románico es el triunfo del arte religioso. Como en toda Francia y buena parte de Europa, el románico marca un renacimiento espiritual y un desarrollo económico importante. Una vez que se superan los miedos del año 1000, toda Auvernia se cubre de iglesias que rivalizan entre sí en magnificencia. Se conservan nada menos que unos 250 edificios, de los que destacan cinco joyas.

Resto de la desaparecida iglesia de St.Pierre incorporado a una vivienda,
Clermont-Ferrand. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Pero además de estas grandes obras hay también muchas iglesias de pueblecitos y capillas solitarias que forman uno de los conjuntos más importantes del arte románico de Europa. La tendencia conservadora de las gentes de Auvernia unida al hecho de que el gótico, por una razón u otra, no triunfara en estas tierras, han preservado muchas de estas obras.


Lavaudieu. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Lavaudieu. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
En todas ellas destacan los capiteles esculpidos, encargados de transmitir historias y enseñanzas en una época en la que no se sabía escribir.

Lavaudieu. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Lavaudieu. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
En Lavaudieu, uno de los Pueblos más bellos de Francia, se encuentra el único claustro románico completo de Auvernia, además de la iglesia y otras dependencias que tienen varias muestras de pinturas murales.

Lavaudieu. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Lavaudieu. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Dada la importancia que el arte románico tiene en Auvernia, la Oficina de Turismo de Clermont-Ferrand tiene un espacio propio dedicado al tema, Espace roman que organiza exposiciones sobre diferentes aspectos del periodo románico. Tienen un folleto interesante. Es como un plano del tesoro, de los tesoros románico de Auvernia.


miércoles, 13 de julio de 2011

Vulcania, viaje a los secretos de la Tierra




Vulcania. Auvernia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Los volcanes fascinan y aterran al mismo tiempo. Las cenizas volcánicas pueden fertilizar la tierra o quemarla. La visión de un volcán humeante es un espectáculo impresionante: hermoso si sabes que no tiene consecuencias, terrible si destruye tu casa, o puede quedarse en un serio inconveniente si consigue (como está de moda últimamente) alterar el tráfico aéreo.

Vulcania. Auvernia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Auvernia es la única región volcánica en la Francia Europea, y por ello no sorprende que allí se haya puesto en marcha Vulcania, el llamado Parque Europeo del Vulcanismo. Se inauguró en 2002 pero en 2007 cambió bastantes atracciones, inaugurando otras nuevas continuamente.

Vulcania. Auvernia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
La idea primigenia de este parque surgió de los vulcanólogos Katia y Maurice Kraft, que dedicaron toda la vida al estudio de los fenómenos relacionados con los volcanes. Viajaron a numerosos países y estudiaron más de 100 erupciones. En 1991 murieron mientras realizaban investigaciones en el Unzen, en Japón. Hay bastante información sobre la pareja en Vulcania.

Vulcania. Auvernia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Un recorrido por el parque es una inmersión en el conocimiento y en las sensaciones. Se aprende sobre el origen del magma, los diferentes tipos de erupciones, qué es la escoria, una nube ardiente y mil cosas más. Hay algunas atracciones bastante movidas y se pide que en ellas no entren personas con problemas de salud.




Hay experiencias e historias alucinantes, como la que se refiere a la erupción del Toba, en Sumatra (Indonesia) hace 74.000 de años. Mission Toba es la novedad de este año, que permite sobrevolar la zona y observar en directo la explosión. La auténtica fue la más violenta desde que existe el Homo sapiens, y de hecho estuvo a punto de acabar con la especie humana, como hizo con otras muchas. Este fenómeno es conocido como la catástrofe del Toba.

Vulcania. Auvernia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Vulcania se encuentra en Saint-Ours les Roches, a 15 kilómetros de Clermont-Ferrand, por la carretera a Limoges.

lunes, 11 de julio de 2011

Cinco (o seis) personajes curiosos de Clermont-Ferrand


Monumento a Vercingétorix. Clermont-Ferrand. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Si te preguntan si sabes algo relacionado con Clermont-Ferrand, la capital de Auvernia, sobre algún personaje local, etc., lo más probable es que digas que no. Digo “lo más probable” pero en realidad estoy pensando que es “segurísimo”.
Pues resulta que al caminar por las calles de Clermont-Ferrand surgen recuerdos de historias y personajes que de alguna manera son conocidos. Aunque ni remotamente los relacionamos con esta ciudad.
Los que hemos leído las historias de Astérix y Obélix sabemos de la existencia de un secundario de lujo, que aparece en poquísimas viñetas, pero que es un personaje real: Vercingétorix, el jefe galo que llegó a vencer a Julio César en una batalla (aunque perdió definitivamente en la siguiente, poco después). Hablamos del año 52 a.C. En la gran Place de Jaude, el centro vital de la ciudad, está la estatua que lo recuerda, obra de Bartholdi (el autor de la Estatua de la Libertad de Nueva York). Vercingétorix evidentemente no nació en Clermont-Ferrand, porque la ciudad no existía en esos tiempos, pero se supone que nació en los alrededores.

Monumento a Urbano II. Clermont-Ferrand. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Toda la vida oyendo hablar de las Cruzadas (incluso alguno ha leído hasta un libro sobre el tema) y resulta que tienes que llegar a Clermont-Ferrand para que te recuerden que el papa Urbano II fue el que lanzó a los cristianos a la conquista de los territorios de Tierra Santa que estaban en poder del infiel. Y lo hizo en Clermont-Ferrand cuando clausuraba un concilio. El eslogan “Dios lo quiere” tuvo un éxito espectacular de convocatoria. En la Place de la Victoire, junto a la catedral, está la estatua que lo recuerda.

Monumento a Blaise Pascal. Clermont-Ferrand. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Toda la vida oyendo frases hechas, de esas que se repiten y repiten hasta la saciedad, y resulta que son de alguien. “El corazón tiene razones que la razón ignora”, “Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón”, "Si no actúas como piensas, acabarás pensando como actúas" (frase que, por cierto, un conocido político español ha utilizado la semana pasada como si se le hubiera ocurrido a él). Todas ellas son de Blaise Pascal, nacido en Clermont-Ferrand, uno de los filósofos y científicos más importantes de Europa -no es necesario recordar el pascal (unidad de presión) y el pascal lenguaje de programación, el Triángulo de Pascal, el Principio de Pascal, la Apuesta de Pascal, la pascalina, etc., debidos a él o nombrados por otros en su honor. En la Place Plascal, debajo de la Place de la Poterne, está la estatua que lo recuerda.
Otros personajes relacionados con Clermont-Ferrand son los hermanos André y Édouard Michelin, que desarrollaron una pequeña empresa hasta convertirla en uno de los fabricantes de neumáticos más importantes del mundo, y creadores además de las estupendas Guías Verdes (de turismo) y las Guías Rojas (de gastronomía y alojamientos), del muñeco Bibendum, etc.
Otro clermontino del que nadie sabe el nombre fue Fernand Forest (1851-1914) que inventó el motor de explosión.

jueves, 7 de julio de 2011

En busca de los pueblos más bellos de Francia

Lavaudieu. Foto: ángel M. Bermejo (c)


He ido de viaje a Francia unas cuantas veces: a París, a otras capitales de departamento y al campo; al norte, al sur, al este y al oeste. Y siempre, siempre, he sentido una profunda envidia por lo bien cuidado que está el campo francés. Vas por ahí y encuentras campos de cultivo, industrias, carreteras, pero siempre tienes la sensación de que todo está cuidado con un mimo exquisito. La presencia de centrales nucleares es un tema aparte que trastorna algunos de estos paisajes, pero es algo tan complicado que prefiero no tratarlo aquí.
Y cuando entras en un pueblo, por pequeño que sea, te empiezas a acordar de todos los que han tenido responsabilidades en la protección del patrimonio español. Y no sólo de la arquitectura monumental, de los castillos y las iglesias, sino también del paisaje, del conjunto de las aldeas y de los grandes pueblos. No hay nada como cruzar la frontera para ver cómo se valora el patrimonio de todos al norte de los Pirineos. Lo curioso es que la extensión de la Francia continental es muy similar a la de la España peninsular, sólo que con 20 millones más de habitantes, por lo que, a primera vista, se podría pensar que su territorio estaría mucho más deteriorado. Pero no es así.
Y si visitas alguno de los pueblos más bellos de Francia ves que la protección, el mimo con que cuidan lo suyo, alcanzan cotas casi siempre inimaginables en España.
En Francia hay unos 32.000 pueblos, y sólo 156 de ellos tienen derecho a ostentar el sello de Les plus beaux villages de France. En Auvernia hay 11 pueblos con esta distinción. En este viaje tuve ocasión de visitar dos de ellos: Montpeyroux y Lavaudieu.


Montpeyroux. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Para poder pertenecer a este club (que existe desde 1981) los pueblos tienen que cumplir una serie de requisitos. Hay tres básicos: tener menos de 2.000 habitantes, tener al menos dos monumentos o lugares protegidos, y que la demanda de ingreso sea colectiva. El proceso continúa con la visita de un experto y la valoración del proyecto por una comisión. Son tan exigentes en la decisión final que sólo uno de cada cinco pueblos solicitantes es aceptado. Según la propia asociación, no valen los pueblos bonitos sin vida, ni los “pueblo-parque de atracciones”.
Me encantaría estar equivocado, pero no conozco una iniciativa semejante en España. 

lunes, 4 de julio de 2011

Le Puy-en-Velay, inicio del Camino de Santiago



Todas las fotos: Le Puy-en-Velay. Ángel M. Bermejo (c)


Si se ojean por encima las guías que existen sobre el Camino de Santiago pueden surgir dos ideas erróneas: que sólo existió -y existe- una ruta y que ésta tenía dos arranques que surgen en los Pirineos. 




Sin embargo, en realidad siempre hubo una infinidad de caminos (de los que cada vez hay más información) y en la mayoría de ellos la cordillera pirenaica era sólo una etapa más en un viaje que había empezado mucho antes. 




Cuatro rutas principales atravesaban Francia pero otras más, secundarias, confluían en ellas, formando una especie de tela de araña. Todas, eso sí, enfilaban hacia el poniente, hacia Santiago y, tal vez, Finisterre. 




Desde el origen de la peregrinación, hace más de mil años, la mayoría de los peregrinos ha venido a través de Francia. Y muchos de los que pasan por Roncesvalles no están empezando el Camino, sino que llevan ya un mes en él.




El primer peregrino del que se tiene noticia es Gotescalco, obispo de Le Puy-en-Velay que, a mediados del siglo X, emprendió la ruta hacia Santiago. Por supuesto, iba bien acompañado de soldados, juglares y cocineros. 




A su regreso convirtió a la sede de su obispado, Le Puy-en-Velay, en el punto de partida de la vía Podiensis, una de las cuatro más importantes y que llegó a canalizar a todos los peregrinos provenientes del valle del Ródano, de Suiza y de parte de Alemania.




Le Puy-en-Velay ya era hace mil años un importante centro de peregrinaciones, centradas en su Virgen Negra. 
El lugar, en plena Auvernia, tiene algo que impone: en un valle cóncavo afloran pitones volcánicos, rocas insólitas que atraen desde hace siglos por algún tipo de magnetismo. Algunas de estas protuberancias, como la Aiguilhe o Corneille están coronados por iglesias o estatuas gigantescas de la Virgen. La ciudad antigua de Le Puy se desparrama por las cuestas de un promontorio, casas apretadas y calles en cuesta alrededor de la catedral. El plano de las calles tiene algo de laberinto, y parece que se refleja en los encajes que las artesanas locales trabajan con mano maestra.




A las siete de la mañana hay misa de peregrinos en la catedral de Notre-Dame de l'Annonciation. Los que emprenden el Camino sellan a continuación sus credenciales y se ponen en marcha. 




Probablemente la tarde anterior han subido a la Aiguilhe, un pitón rocoso coronado por la capilla de Saint -Michel. La torre de su campanario parece prolongar hacia el cielo la forma fina de la aguja rocosa. Esta capilla fue construida por Gotescalco a la vuelta de su peregrinación a Santiago, y para él fue la “capilla del regreso”. Como la vida gusta de las simetrías ligeramente desenfocadas, desde hace un milenio esta “capilla del regreso” es la “capilla de la partida” para los peregrinos a Santiago.




Cuando, un mes después, pasen por Roncesvalles (ese lugar tan destacado en las guías españolas del Camino) estarán en mitad de la ruta.