jueves, 16 de mayo de 2013

La eternidad en un solo día en el lago Nicaragua

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Dicen que la vida surge del agua. Dicen que los volcanes fertilizan la tierra con sus cenizas.

Dicen que la vida de los hombres y las mujeres es una línea que va desde la cuna a la tumba. Que ningún momento vuelve.

Pero hay momentos que se repiten continuamente, con diferentes actores cada vez, y entonces parece que no pasa el tiempo. O que no importa que pase. O que la eternidad se concentra en un solo momento.

Me acuerdo ahora de un baile en una aldea griega que ocurre en las páginas de Vida y hechos de Alexis Zorba, de Nikos Kazantzakis: “Desde hace millares de años, mozos y mozas bailan bajo los árboles de renovado follaje … y seguirán bailando dentro de millares de años … Cambian las caras, que se marchitan y vuelven al polvo de donde salieron; otras reemplazan a las primeras y son reemplazadas a su vez. Un bailarín único, de innumerables semblantes, danza al correr de los siglos, en la flor de sus veinte años, inmortal”.*

Durante millares de años hay un bailarín único e inmortal. También, en un solo día, hay quien nace, quien juega, quien galantea, quien se casa, quien tiene un hijo, quien muere anciano.

Ahora estoy buscando fotos del viaje por Nicaragua del año pasado. Y me acuerdo de una esquina en El Castillo donde, con pocos minutos de diferencia, vi a unas niñas jugando y el paso de un cortejo fúnebre.

Pero centrémonos en la vida. Ahora miro las fotos y me acuerdo de la isla de Ometepe, en el lago Nicaragua. Y me acuerdo del señor que se bañaba con su hija pequeña en el lago, y había un volcán al fondo y las olas empezaban a batir con fuerza y el padre protegía a su hija y la juntaba contra su cuerpo.



Y pienso que ese hombre hace ya bastantes años, seguro que iría alguna tarde con un algún amigo a pasear, los dos juntos sobre el mismo caballo, y que el caballo abrevaría en las aguas dulces de este lago que parece mar.



Y pienso que algunos años después cortejaría a alguna muchacha, juntándose lo más posible a ella, probablemente en algún viaje en barco por el lago, de camino hacia algún lugar o de vuelta a casa.

Y pienso que dentro de pocos años la niña irá de paseo con alguna amiga, y que puede que monten a caballo, las dos muy juntas. Y que dentro de varios años será cortejada por algún muchacho…

Las tres fotos están tomadas en menos de 24 horas, en la isla y en el lago, porque los actores son diferentes. Pero también podía haber tardado muchos años si hubiera fotografiado al mismo personaje al cabo de los años. Y las imágenes serían exactamente iguales.

La vida surge del agua, y junto al agua. Los volcanes siguen ahí. Y todos, muy juntos.



*Traducción de Roberto Guibourg.




2 comentarios:

  1. increíble.....no sabría describirlo de otra forma......me gusta que me hagas ver que siempre es la misma historia con diferentes personajes....es algo mágico....
    yo estoy buscando lugares para salir de España, pero no como viajera (que tampoco me importaría serlo) si no como voluntaria en alguna ONG o algo así. Llevo tiempo pensando que mi destino sería Nicaragua, y buscando fotos me ha salido tu blog. Por lo que veo, es algo increíble, no?
    ¿Te importaría contarme cositas de allí?
    Un saludo.
    Paz.

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  2. es cierto. escribes muy bien y haces que te sientas en el lugar. Nicaragua pinta bien!

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