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martes, 7 de diciembre de 2010

TANZANIA: SERENGETI, EN PELIGRO


Se dice que se aprecia, se ama y se defiende lo que se conoce. Y que ésta es una de las virtudes que puede tener el turismo y los viajes: conoces personas, lugares, entonces puedes apreciarlas -incluso amarlas- y, al sentirlas tuyas de alguna manera, defenderlas.

Después de pasar unos días en Serengeti, al volver a casa, me he encontrado con la pésima noticia de que el Gobierno tanzano ha aprobado el trazado de una carretera que atraviesa este Parque Nacional. Según parece quiere cumplir con una promesa electoral de 2005 de unir las ciudades de Arusha y Musoma. Hay propuestas de trazados alternativos, más al sur, pero el Gobierno no las tiene en consideración.

Todo indica que esta carretera tendría un gran impacto en la gran migración que todos los años realizan millones de animales en la zona. Y, como consecuencia, en todos los demás animales de este ecosistema. El turismo en la zona perdería uno de los grandes atractivos, y la economía del país se resentiría. En este documento hay algunos datos sobre la importancia del turismo en la economía de Tanzania.

Los ecologistas han puesto el grito en el cielo. De forma inmediata ha surgido en todo el mundo un clamor en contra de este proyecto. Save the Serengeti es una de las plataformas más activas; también tiene una página, Stop the Serengeti highway en Facebook.

La Unesco, que ha declarado al Parque Nacional de Serengeti Patrimonio Mundial, está seriamente preocupada por el tema.

National Geographic Magazine dedicó en noviembre su artículo de portada a las grandes migraciones de animales que hay en el mundo. Cualquier tema de los suyos se acompaña de presentaciones, encuentros, etc., que tienen mucha repercusión. Este mes se hace eco de la construcción de la carretera.

La belleza casi intacta de Serengeti es algo que habría que conservar. Y no sólo para poder ir a verlo algún día, sino por la propia importancia de las cosas.

lunes, 6 de diciembre de 2010

TANZANIA: NOCHES EN UN CAMPAMENTO EN SERENGETI


Hay una extraña sensación al recorrer las vastas extensiones de Serengeti y no ver a nadie (ningún humano, me refiero). Es uno de los parques nacionales más famosos -¿tal vez el más conocido?- del mundo, y cientos de visitantes entran en él cada día. Pero la gran mayoría se concentra en unas zonas muy concretas, a poca distancia de los lodges, quedando una gran parte de parque muy poco conocida por los turistas.

Hay una extraña -y muy agradable- sensación al recorrer el Parque Nacional Serengeti y no ver a nadie. Sentir cómo la tarde cae a tu alrededor, sentir el aire que te acaricia en la cara cuando te asomas por encima del techo abierto de Montse, el camión de Ratpanat. Si el camión se detiene y se apaga el ruido del motor, entonces sólo queda el rumor del aire. Miras para allá, y ves jirafas y cebras, miras para el otro lado y ves un par de elefantes, te das la vuelta y ves una manada de ñúes.

Me acuerdo de Bernhard Grzimek, el zoólogo que más contribuyó a proteger esta zona y lograr que se declarara Parque Nacional. Él definió a las planicies de Serengeti como “el último lugar del mundo en el que hoy es posible observar a millones de animales tal y como vivieron sus ancestros hace miles de años”.

Luego el camión vuelve a ponerse en marcha y sigues por una zona en la que, aparte de la pista por la que se circula, no hay asomo de presencia humana. El Sol se pone y no se distingue la luz de ningún lodge. ¿Hacia dónde vamos?

Vamos al campamento que Ratpanat ha montado en esta esquina aislada del Serengeti. Tiendas con cama y ducha. Buena cena. Gin tonics junto a la hoguera. Conversación animada junto a la hoguera. Conversación que se detiene a veces, cuando se oye un rugido: son los leones de los alrededores.

No hay cerca ni tapia alrededor del campamento.

Cuando termina la temporada, todo se desmonta y no queda apenas rastro.

Noches en la soledad de Serengeti.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

TANZANIA: SERENGETI, SIN FOTOS

Aunque siempre pongo una foto, como mínimo, en cada entrada del blog, hoy no. Hoy no pongo fotos de esas leonas que vi acechando durante mucho tiempo a una familia de facóqueros y que, en un momento elegido por la hembra dominante, decidieron atacar. La escena final duró unos pocos segundos. Hubo una carga, los facóqueros detectaron el ataque, esquivaron a las leonas y salieron huyendo. Unas gacelas contemplaban la escena a pocos metros como si no fuera con ellas.

Tampoco voy a poner una foto del festín que se dio otra familia diferente de leones que cazó un búfalo y empezó a comer en cuanto recuperaron el resuello tras el esfuerzo. Las crías comían de las partes más blanditas, por la entrepierna, y a cada tirón que daban la pierna se movía como si el animal siguiera vivo. Eran cinco leones comiendo a la vez del búfalo, y tenían la cara ensangrentada: un festín salvaje. Vida y muerte, hambre saciada, felicidad para el vencedor. Hacía sol.

Y no pongo ninguna foto de estas escenas y de otras semejantes que viví en el Serengeti porque no las hice en esos momentos. Y no las hice porque preferí disfrutar del instante, observar por unos buenos prismáticos en lugar de obsesionarme en obtener unas imágenes que no serían excelentes. Tengo esas escenas grabadas aquí (toc, toc, golpecitos en la cabeza), y estoy contento. De vez en cuando hay que elegir, y yo lo hice.

viernes, 19 de noviembre de 2010

TANZANIA: LAGO VICTORIA










Pasamos la frontera a bordo de Montse , el camión de Ratpanat, y entramos en Tanzania. Vamos por una carretera asfaltada cuando de pronto sucede: aparece ante nosotros una inmensa masa de agua: ¿el océano? ¿el mar? No, el lago Victoria.

Es difícil acercarse a esta gigantesca extensión de agua (el segundo lago más extenso del planeta) sin que la mente se te vaya a las historias de los exploradores que buscaban las fuentes del Nilo. Cuántas veces habré imaginado ese momento, en el que llegaría al lago Victoria. Ahora la vida impone sus reglas: no voy a descubrir nada. Pero los sueños son los sueños, y no hay regla de la vida que pueda con ellos (además, “la vida es sueño”...), así que disfruto del momento, de la cálida luz de la tarde que baña en este momento ese pedazo de mundo.

Acampamos a orilla del lago, como debieron de hacer los exploradores que se adentraron por estas tierras. Se supone que fue Speke el primer europeo en llegar, y es el que le dio al lago el nombre de la reina. Cae la noche con la velocidad del ecuador.

Por la mañana saltamos a un barquito y vamos a recorrer un poco del lago. Abunda la fauna: aves acuáticas de todo tipo. Nos cruzamos con pescadores en sus canoas. Nos acercamos a unos de ellos.

-¿Qué clase de pescado han cogido? -pregunta alguien del grupo.

-Es pescado...

Llegamos a una aldea. Hay pescado a secar. Pescado de tamaño mínimo. Las mujeres cargan agua en grandes cubos sobre sus cabezas. La imagen es extraña: parece que cogen agua del mar para beber o lavar. Pero es agua dulce del lago.

Pescadores del lago Victoria. Es difícil acercarse a un pueblo de pescadores en este lago sin que la mente se te vaya a las historias que cuenta el documental La pesadilla de Darwin. Hay que verlo.

Lago Victoria: un sueño, una pesadilla.



martes, 26 de octubre de 2010

PRÓXIMO VIAJE: KENIA Y TANZANIA


Preparar un viaje siempre resulta excitante, sea al último confín del mundo o a la vuelta de la esquina. Pero en este caso el destino son los grandes parques y reservas de Kenia y Tanzania: Maasai Mara, Serengeti y Ngorongoro. Los mejores lugares del mundo para observar la vida salvaje en todo su esplendor.

¿Otra vez Maasai Mara, Serengeti y Ngorongoro, los mejores lugares pero también los más visitados y explotados?

Como en todos los viajes, importa tanto el dónde como el cómo. La idea es recorrer estos parques y reservas, y algunos más, de forma diferente. Voy con mis amigos de Ratpanat y una de las cosas diferentes que plantean, respecto al safari estándar de lodge y furgoneta con el techo levantado, es que se viaja todo el tiempo en camión. Con la comida y con tiendas, lo que permite organizar un recorrido propio, sin tener que estar yendo y viniendo a y de los alojamientos por cuestiones de comida. También permite acampar en lugares solitarios.

Tengo muchas ganas de acampar a orillas del río Mara, en un lugar apartado, sin piscina ni tienda de souvenirs, para oír los ruidos del bosque y ver las estrellas. Lo curioso es que en Ratpanat prometen que te puedes tomar un gin-tónic con hielo mientras cae la tarde a orillas del Mara. Me parece una imagen de lujo supremo.