miércoles, 2 de febrero de 2011

Penang, Malaisia, I


La historia de la colonización de Penang por los europeos empieza con una escena que parece sacada de una película de aventuras de Hollywood. Aquí tenemos a Sir Francis Light, navegante y aventurero inglés que, después de negociar con el sultán de Kedah el protectorado británico de la isla, entonces cubierta de selva y prácticamente despoblada, decidió atraer a cientos de trabajadores por un medio tan expeditivo como asombroso. Cuenta la leyenda que llenó los cañones de su barco con monedas de oro y plata y apuntó a la selva. Los disparos las esparcieron en la zona en la que quería instalarse. Cualquiera podría buscarlas: el que las encontrara se quedaría con ellas.

Como es fácil de imaginar, los malayos locales y los indios recién llegados limpiaron rápidamente a golpe de machete un pedazo de selva de Pilau Pinang, "la Isla de la Nuez de Betel", como era conocida entonces. Allí, en lo que ahora es Fort Cornwallis, se fundó Georgetown, cuyo nombre honraba al rey inglés del momento, y se estableció un protectorado que duraría "mientras el sol y la luna permanezcan en el cielo".

Para entonces, Penang ya tenía una oscura historia como escondrijo de los piratas malayos que merodeaban por las aguas del estrecho de Malacca. Por aquí, entre Sumatra y la península malaya transitaban todos los barcos repletos de valiosísimos cargamentos que emprendían el viaje a Europa desde las cercanas islas de las Especias. Con los ingleses se establecieron también mercaderes de China, India e Indonesia atraídos por este puerto floreciente que controlaba las rutas comerciales de la zona.

Desde entonces, Penang es un pequeño microcosmos, una diminuta Asia donde perviven costumbres que ya han desaparecido en muchos otros lugares del continente. Hoy en día, junto a usuarios de teléfonos móviles y ordenadores portátiles, no es difícil encontrarse con personajes que parecen sacados directamente de un libro de Joseph Conrad o Rudyard Kipling. Y cualquiera podría imaginarse todavía a Somerset Maugham saltar a puerto desde la cubierta de un bergantín o tomando un cóctel en el bar del Eastern and Oriental Hotel bajo las aspas de un ventilador colgado del techo.

En las calles de Georgetown se mezclan todas las razas, todas las lenguas y todas las religiones, y forman uno de los ambientes más cosmopolitas y asombrosos de todo el mundo. Los chinos han aportado la seda, el té y la porcelana y los indonesios las especias que conquistaron el gusto de todo el mundo. Los indios trajeron el opio y el algodón, los árabes el islam y los perfumes, y los europeos la ciencia occidental. Todo ello da como resultado una sociedad de múltiples facetas, inabarcable en sus ritos y costumbres, que se convierte en el más fabuloso espectáculo humano que quepa imaginar.

1 comentario:

  1. La presencia de ventiladores en hoteles es esencial para garantizar la comodidad y satisfacción de los huéspedes. Además de proporcionar una agradable circulación de aire, los ventiladores contribuyen a mantener una temperatura ambiente confortable, especialmente en climas cálidos.

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