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| Foto: Luis Mazarrasa (c) |
India es,
para la mayoría de los viajeros, una apuesta de todo o nada. Aquí no valen
medias tintas: o te entra en el corazón o te espanta. La segunda opción te hace
querer salir huyendo y no volver nunca más; la primera no significa simplemente
que te guste todo lo que ves, porque eso no es posible. Que te entre en el
corazón significa que empiezas una relación en la que participan a la vez el
amor y el odio, de la que muchas veces quieres salir pero a la que acabas
volviendo. Es una fascinación en la que sabes que eres engañado, un encanto que
en ocasiones es exasperante, un cabreo que se te va con ese balanceo suave de
la cabeza de un niño que quiere decir sí.
