lunes, 4 de noviembre de 2013

Viajero al curry, de Luis Mazarrasa



Foto: Luis Mazarrasa (c)


            India es, para la mayoría de los viajeros, una apuesta de todo o nada. Aquí no valen medias tintas: o te entra en el corazón o te espanta. La segunda opción te hace querer salir huyendo y no volver nunca más; la primera no significa simplemente que te guste todo lo que ves, porque eso no es posible. Que te entre en el corazón significa que empiezas una relación en la que participan a la vez el amor y el odio, de la que muchas veces quieres salir pero a la que acabas volviendo. Es una fascinación en la que sabes que eres engañado, un encanto que en ocasiones es exasperante, un cabreo que se te va con ese balanceo suave de la cabeza de un niño que quiere decir sí.

            Todo esto se aplica, exclusivamente, a los viajeros que se adentran —un poquito— en la vida y la cultura de India, no a los que recorren sus caminos rodeados de aire acondicionado.

            Luis Mazarrasa pertenece a ese grupo de viajeros a los que le entró en el corazón. Es lo suficientemente crítico como para que un día, a la vuelta de un viaje, te cuente lo que no le ha gustado, pero lo suficientemente entregado como para que, la siguiente vez que lo ves, te diga que se vuelve la semana que viene. No tiene remedio.

            Por eso sumergirse en las páginas de Viajero al curry es como sentarse con Luis a tomar algo y dejar que te cuente sus muchos viajes a India. Para él viajar es como regresar a la infancia en el sentido de la ausencia de las responsabilidades y las preocupaciones del día a día, y por eso se disfruta de cada anécdota que recuerda. Está plenamente de acuerdo con el escritor Pico Iyer que dice que “India es el mayor espectáculo callejero, el más auténtico teatro que pueda disfrutar el viajero”. Y empieza a contarte.

            Y así sientes que estás allí cuando te narra su primer contacto con ese universo en Pajargangh, o cuando se cruza con un cortejo fúnebre una noche en Varanasi, o cuando ve el baile de un encantador de serpientes entre las cobras, o cuando cena en un restaurante tan oscuro que no puede ver el plato.

Foto: Luis Mazarrasa (c)
             Un aspecto interesante de este libro es que está formado por sus experiencias en muchos viajes pero, sobre todo, en que son viajes muy diferentes entre sí. Hay ocasiones en que viaja como mochilero y transita por lo más económico del país —le llegan a preguntar si pertenece a la casta española de los hippies— y en otras puede asomarse al lujo asiático de los palacios. Otras veces viaja como enviado especial de radios y periódicos y entonces entrevista a ministros, asiste a la cremación de Rajiv Gandhi o se cuela en la casa de Phoolan Devi, la Reina de los Bandidos.

            En el camino encuentra un faquir que levanta grandes piedras con una cuerda atada al pene, visita el mausoleo de un emperador que incluye la tumba de su barbero, te da consejos por si quieres tomarte un lassi de marihuana, se cruza con una diosa viviente, alquila un elefante para impresionar a una chica y llevársela al huerto, se baña en el Ganges y, sobre todo, se entrega a la ambigüedad india, sin pretender entenderla.

            El suyo es un viaje entre la grandiosidad y la miseria, entre la belleza y el desamparo. El libro es, por tanto, una declaración de amor a India.


            P.D. Este texto es el prólogo que he escrito para la edición de Viajero al curry, de Luis Mazarrasa, publicado por Amargord.

6 comentarios:

  1. La verdad es que no he tenido ocasión de leerlo todavía pero en mi siguiente paso en busca de víveres a la librería, si encuentro algún ejemplar de seguro me haré con él.
    La verdad es que no le falta razón en cuanto a que India te entra o no te entra, claro que como tercera opción bien podría decirse que se abre camino a hostias, que fue más o menos aquello que me pasó a mí cuando me planté allí sin vuelo de vuelta con 22 añitos. La verdad es que a mi llegada me sentí un poco como alguno de los papeles desempeñados por Paco Matinez Soria y a punto estuve de permitir que me superase la experiencia, pero si tan sólo le cedes una oportunidad, India te atrapa a traición y para siempre. Sin duda y después de dos meses, tengo clarísimo que volveré.

    Cometí recientemente la osadía de aventurarme con un blog, que si bien aún está bastante "en bragas" dediqué una de mis primeras entradas a una guía de viaje sobre India redactada en clave crítica y humorística.

    Visado para un txangurro

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  2. A nosotros todavía desde la distancia nos está entrando cada vez más en el corazón India, y gracias a post como este todavía nos entran más ganas de ir pronto.
    Blog.weareroamers.com

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  3. Realmente interesante, además, puedo dar fe a que precisamente ocurre eso, India te cambia la visión del mundo, gracias por el post ;)

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  4. resulta interesante tu recomendación y nos apuntamos el dato. A nosotros la India también nos gustó muchísimo, es un país totalmente diferente que te permite descubrir una tradición, cultura, personas diferentes de las que puedes aprender mucho. Un abrazo viajero!!!

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  5. Una vez más, es un placer leerte :)

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