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sábado, 15 de junio de 2013

Viaje al país de Rabelais


El camino desde Orleans hacia Chinon, a lo largo del Loira y de algunos de sus afluentes, permite adentrarse en la Turena. Estamos en el corazón del "Jardín de Francia", donde, entre castillos, bosques y viñedos, se ha escrito buena parte de la historia francesa. Y también de su mejor literatura.

lunes, 4 de junio de 2012

Château de Candé, escenario de la boda del siglo

Château de Candé. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
El tramo central del Valle del Loira, con sus castillos, mansiones, ciudades y pueblos históricos y, sobre todo, un paisaje cultural definido por el hombre desde hace siglos, es uno de los grandes destinos viajeros de Francia. Lo que es mucho decir. Es tal el poso de arte, historia, leyenda, gastronomía, arquitectura y formas tradicionales de vida —del art de vivre— aposentado en este lugar que es una delicia ir a descubrirlo y, sobre todo, volver a sorprenderse de lo mucho que se pasó por alto en en viaje anterior.


Château de Candé. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Me han hecho falta cuatro viajes a la zona para encontrar la ocasión de visitar el château de Candé. A primera vista es sólo uno más de las decenas y decenas de châteaux de la zona. Una vez más habrá que recordar que no se puede traducir simplemente château por castillo. El château no tiene la adustez ni el carácter estrictamente militar del castillo castellano. En cambio, tiene mucho de mansión, de palacio, de lugar de disfrute. En su origen muchos fueron fortalezas, pero con el tiempo todos fueron modificándose hasta convertirse en lujosas expresiones del art de vivre.

Château de Candé. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
El château de Candé —situado a unos 10 km. de Tours— es conocido fundamentalmente por ser el lugar en el que se celebró una de las bodas más sonadas de la historia: la del duque de Windsor (el que fuera rey Eduardo VIII) con Wallis Warfield Simpson en 1937. La historia es bien conocida y no viene a cuento repetirla aquí.

Château de Candé. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Sin embargo, hay dos detalles que quisiera comentar
El primero hace relación a la razón de elegir este château como escenario para la boda, más allá de que sus propietarios Charles y Fern Bedaux les invitaran.

Château de Candé. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Esta pareja muchimillonaria había adquirido la finca en 1927 y había llevado a cabo una gran tarea de modernización del edificio, que hasta entonces era una construcción neogótica, muy bonita pero muy incómoda para vivir. Los Bedaux hicieron instalar un completo sistema de fontanería, electricidad y calefacción central. Los ocho dormitorios disponían de cuarto de baño, y tenían un sistema que permitía llenar las bañeras en sólo un minuto, algo nunca visto en esa época. 

Château de Candé. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Incluso dispusieron del primer teléfono instalado en una residencia particular de Francia. También instalaron un gimnasio con los aparatos más modernos de la época, e incluso disponían de un campo de golf dentro del inmenso parque de 250 hectáreas que rodea la construcción. Es decir, que se casaron en este château porque era un lugar muy confortable.

Château de Candé. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Todo esto viene a cuento porque ahora una visita a Candé  permite sumergirse en un mundo sofisticado del primer tercio del siglo XX. A lo largo del Valle del Loira se visitan grandes palacios y castillos, que en general nos llevan a otros tiempos, con sus tapices, sus camas con dosel y sus armaduras. Esto es un viaje a un mundo con aromas del art déco, muy sofisticado y elegante. Una delicia.

Château de Candé. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
El segundo detalle a comentar es lo bien que lo hicieron los Bedaux al ceder su humilde morada para la ocasión. Fue un golpe publicitario de primera, que hizo que la atención mundial se centrara en ellos. La finca ahora es de propiedad pública, y tiene un flujo constante de visitantes atraídos por esa mítica boda, que nunca ha dejado de despertar el interés. 

Château de Candé. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Ahora estoy recordando que hasta The Rolling Stones tienen una canción en la que hablan de ellos. La promoción fue excelente y duradera. De hecho hoy, exactamente 75 años después de aquel 3 de junio de 1937, estamos recordando ese momento y hablando del château de Candé. 

jueves, 23 de septiembre de 2010

EN GLOBO SOBRE LOS CASTILLOS DEL VALLE DEL LOIRA


Este mes he pasado unos cuantos días en Francia. He seguido un par de rutas, y una de ellas ha sido por el valle del Loira. Es una zona bien conocida pero a la que siempre vale la pena volver.

Esta vez tuve ocasión de volar en globo en la zona, y de hacerlo con uno de los grandes expertos de la región, Toraine Montgolfiere. Me levanté antes de que amaneciera y fui hacia el punto de encuentro, a las afueras de Amboise. Una vez que nos hubimos reunido todos los participantes, el grupo fue en busca de un buen lugar para iniciar el vuelo. El día estaba un poco nublado, pero al final despegamos desde un paraje justo al lado de la pagoda de Chanteloupe, muy cerca de Amboise.

No era mi primera experiencia en globo, pero siempre resulta magnífico separarse del suelo sin ruido y vagar por el aire. Y resulta extraordinario cuando lo haces en un lugar como éste: pasas por encima de Clos Lucé, ves perfectamente el castillo de Amboise, cruzas el Loira -el único gran río salvaje de Europa- y disfrutas de un paisaje cultural que está declarado patrimonio mundial por la Unesco desde 2000. Desde el aire ves otros detalles que suelen pasar inadvertidos desde tierra, como el château de Mick Jagger o la fábrica de Viagra de Pfizer. Estos dos últimos puntos están verdaderamente próximos entre sí y yo no advertí ninguna relación de simbiosis entre ellos, pero mentes más ágiles que la mía sí la detectaron al instante.

Una de las cosas buenas de los globos es que, salvo los momentos en que encienden los calentadores, el resto del tiempo el vuelo es silencioso. Y lento. Todo transcurrió con normalidad absoluta hasta que ocurrió un detalle inesperado, en lo que nadie piensa y, desde luego, por lo que nadie paga un vuelo en globo: nos metimos dentro de una nube.

De repente, no había más castillos, ni río, ni pueblos, ni granjas, ni prados, ni sol, ni nada. Nos adentramos, flotando -nunca mejor dicho-, en la nada. Todos los que íbamos en el globo nos callamos. No había nada que señalar, nada a lo que hacer fotos, nada de qué admirarse, nada de lo que cotillear (Jagger, Viagra, etc.).

Fue fabuloso. Durante unos minutos volamos por un ambiente blanco y opaco, silencioso. Viajamos por la nada, sobre la nada, entre la nada.

En una película habríamos aparecido en algún lugar remoto del planeta, o en el reino de algún personaje fantástico. Pero se abrieron las nubes y aparecieron las casas, las carreteras, todo. Volvimos al mundo real. Aunque en este caso, el de los castillos del valle del Loira, que no está nada mal.