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viernes, 17 de septiembre de 2010

30 AÑOS ES MUCHO

Subí al tren en Trieste para pasar a Yugoslavia. Un chaval subió conmigo y dijo que me ayudaría a buscar un buen compartimento. En realidad, lo que quería era hablar un rato conmigo para ver si podía confiar en mí. Parece que sí, porque me pidió que llevara conmigo unos vaqueros suyos a través de la frontera y que se los devolviera al otro lado. Yo también confié en él y le dije que bueno, que sí, aunque yo no veía que el llevara ningún paquete ni bolsa donde estuvieran los vaqueros. Entonces se desabrochó el botón del pantalón, bajó la cremallera de la bragueta y se quitó los pantalones. De repente me di cuenta de que caminaba con las piernas tiesas, y calculo que llevaba puestos seis o siete pantalones, uno encima del otro. Cuando veo la película El hotel de los líos de los hermanos Marx, sobre todo la escena en que se ponen toda la ropa para salir del hotel sin maletas, me acuerdo siempre de él. Al guardar los pantalones en mi mochila observé que eran de la marca Pepsi-Cola.
La jugada le salió mal. Al pasar la frontera me bajé en la primera estación y le busqué en el andén. Lo vi llegar, pero iba detenido por dos policías. Nos cruzamos la mirada pero hicimos como que no nos conocíamos. Tenía unos vaqueros pero no de mi talla. Hoy, esta parte de Yugoslavia se llama Eslovenia, es miembro de la Unión Europea y su moneda es el euro. Entonces pasar esa frontera era un poco más complicado que ahora. Fue mi primera visión de la Europa oriental. Las cosas han cambiado mucho en estos años.

lunes, 13 de septiembre de 2010

30 AÑOS NO ES NADA

Se supone que he hecho mal una cosa: lanzar un nuevo dominio de internet y abandonarlo unos días, Pero es que me he ido de viaje, y ya se sabe...
En mi post número uno hablaba hace unos meses de que se cumplían 30 años de mi primer viaje. Eso era cierto a medias: entonces se cumplían más o menos 30 años de un iniciático viaje a París. Pero el viaje viaje de verdad fue en septiembre, y el aniversario es, ha sido, esta semana. Todavía recuerdo el momento en que salí de casa, la camiseta que llevaba, el rato que fui asomado a la ventanilla del pasillo del expreso a Barcelona a la caída de la tarde.
Era principios de septiembre y compré un billete de Transalpino de Madrid a Estambul. A diferencia del Inter-Raíl, el Transalpino te permitía viajar durante dos meses en una ruta determinada, con todas las paradas que quisieras. En Estambul compré otro hasta Atenas, y luego utilicé para la vuelta un Bríndisi-Madrid. Pensaba irme para un mes y medio pero tardé dos meses y medio en volver. Entonces estaba en la facultad, por lo que empecé el curso en noviembre. Me pareció que no le importaba a nadie.
¿Qué pasó en ese viaje? Intentaron robarme y no lo consiguieron, otros lo intentaron y sí lo consiguieron; recibí más proposiciones sexuales que en toda mi vida anterior junta; visité museos y comí cosas raras. También comí poco. Cuanto menos gastara al día podía demorar más tiempo el regreso. Iba cargado con un montón de libros. Caminé por los Alpes yugoslavos y el Monte Athos, navegué por el Egeo y leí, un amanecer en Esparta, el comienzo de la
Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides.
Pero, sobre todo, conocí gente diversa; algunos me ayudaron bastante cuando más lo necesitaba. Cruzar de Italia a la entonces Yugoslavia fue una aventura en muchos sentidos de la palabra. Luego llegaron otras aventuras. Recuerdo a una familia con la que atravesé Bulgaria de noche. Ahora es muy tarde, otro día la contaré.