Con cierta frecuencia leo y oigo frases del tipo: “los blogs son más fiables que las revistas” o “¿son fiables los blogs que aceptan invitaciones?”. En afirmaciones e interrogaciones de este tipo subyacen —firmemente ancladas en el subconsciente— varias ideas preconcebidas:
1ª- que te compran cuando te invitan a un viaje, a conocer una región, a tener una experiencia,
2ª- que todos actuamos de la misma manera y
3ª- que sólo el viajero que asume todos los gastos de un viaje puede escribir sin compromisos.
La realidad, como siempre, es muy compleja y está llena de matices.
Una gran cantidad de blogs que tratan de viajes son efectivamente el fruto de experiencias personales de viajeros particulares que viajan por su cuenta y comparten sus descubrimientos, peripecias y reflexiones, aportando además datos de dónde comieron y cuanto les costó, dónde durmieron y cuánto les costó, cómo se trasladaron de un lado a otro y cuánto les costó. Es razonable pensar que esos datos son correctos y sólo están condicionados por el grosor de la billetera del viajero. Al mismo tiempo, muchos de estos blogs terminan cuando acaba el viaje y el autor regresa a su casa, a su trabajo o a su paro.
Otros blogs, muchos de ellos con voluntad de perdurar en el tiempo —más allá de la duración de un viaje, por largo que éste sea—, reflejan ese mismo tipo de contenidos, obtenidos en viajes particulares pagados por el autor, más otros, fruto de viajes en los que han sido invitados, normalmente por la Oficina de Turismo del lugar o de cualquier departamento encargado de la promoción del turismo.
Surge entonces la pregunta clave: ¿te puedes fiar de alguien que escribe de un lugar al que ha ido invitado?
Mi respuesta es que depende: de algunos sí y de otros no.
A lo largo de los años he hecho muchos viajes en los que me lo he pagado absolutamente todo y otros en los que me han invitado absolutamente a todo y otros en los que la financiación ha estado en algún punto intermedio entre los dos extremos anteriores. Cuando se trata este tema mi respuesta es siempre la misma: reto a que me digan qué reportaje mío publicado en cualquier revista o qué post de este blog refleja un viaje financiado de una manera o de otra y que me demuestren que la diferencia se debe a que estaba condicionado por la invitación.
Por otra parte, muchos de los que sospechan de entrada de los blogs que reflejan experiencias de viajeros que han ido invitados a los sitios (así en general, metiendo a todos en el mismo saco) desean que la gente les cuente los secretos y los misterios de lo que han hallado en sus viajes, pero no están dispuestos a pagar ni un sólo céntimo por esa mina de información que ofrece cualquier blog medianamente consistente.
Algunos de los aspectos mencionados en estas líneas llevan a plantear el tema de la profesionalización de los blogs de viajes. De algunos, evidentemente, porque muchos otros no tienen ningún interés en ello: cuentan sus cosas cuando pueden y ya está.
Pero si queremos utilizar el formato blog para aprender de experiencias de los demás, encontrar datos de primera mano, sorprendernos con historias que no conocíamos, tener ideas para próximos viajes o simplemente pasar un rato viendo fotos o vídeos y leyendo textos atractivos, cuidados, con datos contrastados, que nos muestren cómo es el mundo, trabajados por personas con experiencia, que saben discernir y comparar, en algún momento deberemos pensar cómo se financia ese producto que nos están ofreciendo.
Estoy seguro de que hay muchas maneras diferentes de hacerlo.