jueves, 7 de julio de 2011

En busca de los pueblos más bellos de Francia

Lavaudieu. Foto: ángel M. Bermejo (c)


He ido de viaje a Francia unas cuantas veces: a París, a otras capitales de departamento y al campo; al norte, al sur, al este y al oeste. Y siempre, siempre, he sentido una profunda envidia por lo bien cuidado que está el campo francés. Vas por ahí y encuentras campos de cultivo, industrias, carreteras, pero siempre tienes la sensación de que todo está cuidado con un mimo exquisito. La presencia de centrales nucleares es un tema aparte que trastorna algunos de estos paisajes, pero es algo tan complicado que prefiero no tratarlo aquí.
Y cuando entras en un pueblo, por pequeño que sea, te empiezas a acordar de todos los que han tenido responsabilidades en la protección del patrimonio español. Y no sólo de la arquitectura monumental, de los castillos y las iglesias, sino también del paisaje, del conjunto de las aldeas y de los grandes pueblos. No hay nada como cruzar la frontera para ver cómo se valora el patrimonio de todos al norte de los Pirineos. Lo curioso es que la extensión de la Francia continental es muy similar a la de la España peninsular, sólo que con 20 millones más de habitantes, por lo que, a primera vista, se podría pensar que su territorio estaría mucho más deteriorado. Pero no es así.
Y si visitas alguno de los pueblos más bellos de Francia ves que la protección, el mimo con que cuidan lo suyo, alcanzan cotas casi siempre inimaginables en España.
En Francia hay unos 32.000 pueblos, y sólo 156 de ellos tienen derecho a ostentar el sello de Les plus beaux villages de France. En Auvernia hay 11 pueblos con esta distinción. En este viaje tuve ocasión de visitar dos de ellos: Montpeyroux y Lavaudieu.


Montpeyroux. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Para poder pertenecer a este club (que existe desde 1981) los pueblos tienen que cumplir una serie de requisitos. Hay tres básicos: tener menos de 2.000 habitantes, tener al menos dos monumentos o lugares protegidos, y que la demanda de ingreso sea colectiva. El proceso continúa con la visita de un experto y la valoración del proyecto por una comisión. Son tan exigentes en la decisión final que sólo uno de cada cinco pueblos solicitantes es aceptado. Según la propia asociación, no valen los pueblos bonitos sin vida, ni los “pueblo-parque de atracciones”.
Me encantaría estar equivocado, pero no conozco una iniciativa semejante en España. 

lunes, 4 de julio de 2011

Le Puy-en-Velay, inicio del Camino de Santiago



Todas las fotos: Le Puy-en-Velay. Ángel M. Bermejo (c)


Si se ojean por encima las guías que existen sobre el Camino de Santiago pueden surgir dos ideas erróneas: que sólo existió -y existe- una ruta y que ésta tenía dos arranques que surgen en los Pirineos. 




Sin embargo, en realidad siempre hubo una infinidad de caminos (de los que cada vez hay más información) y en la mayoría de ellos la cordillera pirenaica era sólo una etapa más en un viaje que había empezado mucho antes. 




Cuatro rutas principales atravesaban Francia pero otras más, secundarias, confluían en ellas, formando una especie de tela de araña. Todas, eso sí, enfilaban hacia el poniente, hacia Santiago y, tal vez, Finisterre. 




Desde el origen de la peregrinación, hace más de mil años, la mayoría de los peregrinos ha venido a través de Francia. Y muchos de los que pasan por Roncesvalles no están empezando el Camino, sino que llevan ya un mes en él.




El primer peregrino del que se tiene noticia es Gotescalco, obispo de Le Puy-en-Velay que, a mediados del siglo X, emprendió la ruta hacia Santiago. Por supuesto, iba bien acompañado de soldados, juglares y cocineros. 




A su regreso convirtió a la sede de su obispado, Le Puy-en-Velay, en el punto de partida de la vía Podiensis, una de las cuatro más importantes y que llegó a canalizar a todos los peregrinos provenientes del valle del Ródano, de Suiza y de parte de Alemania.




Le Puy-en-Velay ya era hace mil años un importante centro de peregrinaciones, centradas en su Virgen Negra. 
El lugar, en plena Auvernia, tiene algo que impone: en un valle cóncavo afloran pitones volcánicos, rocas insólitas que atraen desde hace siglos por algún tipo de magnetismo. Algunas de estas protuberancias, como la Aiguilhe o Corneille están coronados por iglesias o estatuas gigantescas de la Virgen. La ciudad antigua de Le Puy se desparrama por las cuestas de un promontorio, casas apretadas y calles en cuesta alrededor de la catedral. El plano de las calles tiene algo de laberinto, y parece que se refleja en los encajes que las artesanas locales trabajan con mano maestra.




A las siete de la mañana hay misa de peregrinos en la catedral de Notre-Dame de l'Annonciation. Los que emprenden el Camino sellan a continuación sus credenciales y se ponen en marcha. 




Probablemente la tarde anterior han subido a la Aiguilhe, un pitón rocoso coronado por la capilla de Saint -Michel. La torre de su campanario parece prolongar hacia el cielo la forma fina de la aguja rocosa. Esta capilla fue construida por Gotescalco a la vuelta de su peregrinación a Santiago, y para él fue la “capilla del regreso”. Como la vida gusta de las simetrías ligeramente desenfocadas, desde hace un milenio esta “capilla del regreso” es la “capilla de la partida” para los peregrinos a Santiago.




Cuando, un mes después, pasen por Roncesvalles (ese lugar tan destacado en las guías españolas del Camino) estarán en mitad de la ruta.

martes, 28 de junio de 2011

¿Dónde está Auvernia?

Auvernia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Según la Organización Mundial del Turismo, Francia es, desde hace muchos años, el país que recibe más turistas extranjeros del mundo. Y con bastante diferencia sobre los siguientes destinos internacionales (Estados Unidos, España y China). Nadie duda de que Francia tiene uno de los patrimonios históricos y culturales más ricos del planeta.
Pero tengo la impresión (personal) de que, aparte de París y de algunas regiones muy famosas (Bretaña, Córcega, la Costa Azul, etc.), gran parte de Francia se pierde en el mapa. Me gustaría saber cuánta gente podría señalar, en un mapa en blanco, lugares tan conocidos (aunque sólo sea por motivos gastronómicos) como Cognac, Borgoña, Champaña (Champagne), Roquefort, Foix (bip, bip; me informan por el pinganillo de que Foix, aunque se pronuncie igual que foie, no tiene nada que ver con el foie gras), Dijon, etc.
Todo ello me lleva a pensar que, si lugares con nombres tan famosos son poco conocidos, nos queda una gran parte de Francia por descubrir.

Auvernia. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Por ejemplo ¿alguien sabe dónde está Auvernia?
Pues está justo en el centro de Francia. Sin embargo, a pesar de una situación tan privilegiada, tal vez sea una de las regiones francesas menos conocidas. Estos dos detalles unidos suponen para mí un motivo de curiosidad. Hace muy poco, después de innumerables viajes a Francia, he tenido ocasión de conocer esta región de la que sabemos muy poco.
P.D. Puedo decir que la primera vez que oí algo relacionado con este nombre fue en una canción de Georges Brassens, Chanson pour l'auvergnat. Paco Ibañez hizo una versión en castellano, y la llamó Canción para un maño.

lunes, 27 de junio de 2011

El castillo que Hitler nunca habitó, en Gea Photowords

Castillo de Poznan. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

En estos tiempos de confusión general y de mucho mucho barullo en la profesión periodística, surgen propuestas diferentes por parte de fotógrafos y periodistas, a las que se suman cineastas y escritores para poder ofrecer una voz diferente. Una de las más interesantes que conozco es Gea Photowords: un grupo de once profesionales que muestran al mundo eso mismo, su visión del mundo. Se fijan sobre todo en historias de medio ambiente, derechos humanos y la diversidad que existe en este planeta en el que vivimos. Evidentemente, recomiendo seguir su página web con frecuencia (se actualiza a diario).
Hace pocas semanas coincidí en Poznan con Ángel López Soto, uno de los fundadores de Gea Photowords. Juntos visitamos el castillo imperial. Creo que, junto a la sinagoga-piscina, el castillo ofrece una visión más profunda de la historia de lo que puede parecer a primera vista. Así que, cuando me pidió que colaborara con Gea Photowords escribiendo un texto sobre el castillo no lo dudé.
En este enlace, El castillo que Hitler nunca habitó, se puede encontrar el texto que acompaña a las fotos de Ángel López Soto.   

viernes, 24 de junio de 2011

La aventura del Muni, IV Premio de Literatura de Viajes Camino del Cid


Libros finalistas del premio. Foto: Ángel M.Bermejo (c)

Ayer jueves día 23 de junio se reunió el jurado del IV Premio de Literatura de Viajes Camino del Cid, que otorgó al premio a La aventura del Muni, de Miguel Gutiérrez Garitano y publicado por Ikusager Ediciones. El jurado estuvo compuesto por Rosa María Calaf (que actuó de presidenta), Lorenzo Silva, Óscar Esquivias y un servidor. En la deliberación también estuvo presente Alberto Luque, gerente del Consorcio Camino del Cid, que actuó como secretario.
Se supone que las deliberaciones de los jurados son secretas, así que no puedo contar mucho de los argumentos en pro y en contra de cada uno de los ocho libros finalistas. Sólo puedo decir que al final de la conversación el ganador salió de un consenso entre todos.
En La aventura del Muni, Miguel Gutiérrez Garitano relata sus viajes por Guinea Ecuatorial siguiendo, en buena medida, los pasos de Manuel Iradier, el que probablemente sea el explorador español más importante de África. Con sus experiencias personales más los datos obtenidos de las obras de Iradier y de otros exploradores y viajeros más un cúmulo de informaciones etnográficas, sociales, políticas y culturales sobre la actualidad el autor elabora un texto que (hasta donde conozco) es la mejor información de que disponemos sobre Guinea Ecuatorial.
A mí me gusta observar cómo el autor se sumerge en el país a base de contacto con las gentes. Hace sus viajes por ríos, selvas y montañas, pero lo que más me atrae es sus relaciones con los guineanos.
Estas relaciones no son siempre fáciles, y le afectan en todos los sentidos. Ver cómo cambia el autor desde el principio de la narración hasta el final, aunque sea en detalles mínimos, es lo que (para mí), convierte su libro en literatura de viajes. Esto se podría decir igualmente de otros libros que optaban al premio, pero no de todos.