lunes, 28 de noviembre de 2011

La Sinagoga del Agua de Úbeda, Jaén: tres historias curiosas


Sinagoga del Agua, Úbeda. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
En la última entrada de este blog describía una visita a la Sinagoga del Agua de Úbeda pero decía que había varios detalles curiosos que dejaba para otra ocasión.
El primero de ellos hace referencia a que la primera estancia que se visita en la sinagoga reproduce el despacho de un inquisidor. Algo que no te imaginas al visitar una sinagoga.
Esta elección tiene que ver con el hecho muy curioso de que el edificio contiguo al de la sinagoga ostenta en su fachada (aunque algo dañado, y por eso no se aprecia bien) el escudo de la Inquisición, lo que permite suponer que era la residencia del señor inquisidor.

A la izquierda, Sinagoga del Agua, y a continuación la casa con el escudo de la Inquisición, Úbeda. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

¿Sabía el señor inquisidor que vivía pared con pared con lo que había sido una sinagoga? Doy la palabra a Andrea Pezzini, el guía de ArtificiS que nos mostró este espacio (además de llevarnos por toda Úbeda y Baeza), que sabe mucho del tema:




Como bien dice Andrea en el vídeo, la Sinagoga del Agua está abierta al público sólo desde febrero de 2010. Aquí empieza otra historia apasionante.
Hace unos años, Fernando Crespo, un promotor inmobiliario y constructor compró junto a sus socios tres edificios contiguos para reformarlos y hacer en ellos apartamentos, locales comerciales y aparcamientos. En cuanto iniciaron las obras de derribo y desescombro empezaron a aparecer elementos -arcos, capiteles, forjados preciosos, tinajas... - que le hicieron pensar que estaba, inesperadamente, frente a algo realmente importante. Se dio cuenta del valor cultural que tenía todo lo que encontraba y cambió el proyecto de la obra para salvaguardar lo hallado y poder seguir con su negocio. Hasta cuatro veces modificó el proyecto porque estaba convencido de que había que salvar, proteger y dar valor a lo que encontraba.

Sinagoga del Agua, Úbeda. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Lo más fácil hubiera sido arrasar con todo, extraer las piezas de interés (para incorporarlas a su colección privada o venderlas), y seguir adelante con su proyecto original, por el que sacaría un buen pellizco. Sin embargo, y esto nadie se lo agradecerá nunca lo suficiente, prefirió asumir una gran cantidad de pérdidas (una obra muy lenta, además de no hacer uno de los apartamentos previstos ni los locales ni el aparcamiento) y sacar a la luz (con un trabajo ingente y precioso de muchos profesionales) el tesoro que ahora se puede visitar.

Fernando Crespo, dueño de la Sinagoga del Agua, Úbeda. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
Y una tercera historia curiosa, un detalle de la anterior.
Estos edificios han estado habitados, con diferentes modificaciones de los espacios interiores, desde hace siglos; hasta siete familias han vivido a la vez en esta espacio. Las tres salas inferiores estaban llenas de escombro y cascajo. De hecho, en lo que ahora aparece como la sinagoga hubo hasta hace pocos años una peluquería, con las arcadas cegadas por tabiques. En algún momento de la obra, tirando paredes, apareció una pequeña orza, una vasija. Se pararon a ver qué era, y en su interior apareció un papel doblado. Lo desdoblaron y encontraron una frase escrita con una caligrafía indecisa y algunas faltas de ortografía:


Papel encontrado durante las obras en la Sinagoga del Agua, Úbeda. Foto: Ángel M. Bermejo (c)
“En diciendome la verdad y entregándome el papel, lo digo todo”.
Es difícil contenerse y no dar rienda suelta a la imaginación. El papel en el que está escrito es relativamente reciente, probablemente de mediados del siglo XX ¿Sabía la persona que escribió estas frases lo que había oculto en estos edificios de pisos modestos y una honrada peluquería de barrio? Quien descubriera el papel estaría en camino de descubrir el secreto. La verdad, el papel, el tesoro y el secreto irían todos juntos. Ese secreto que el señor inquisidor del s.XVI tal vez conociera, lo que en vez de destruir preservó, ¿se había transmitido de generación en generación, durante siglos? Una persona sensata diría que no. Lo que sí es razonable pensar es que quien lo escribió sabía que allí había algo oculto, aunque probablemente no imaginara que fuera una antigua sinagoga y un micve. Probablemente...  

2 comentarios:

  1. Curioso artículo, y sorprendente la iniciativa del constructor. Es gratificante encontrarse con alguien que busca preservar "viejos tesoros" aun a costa de sus negocios.

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  2. El Humanista Antonio Martínez de Úbeda, hijo del poeta, escritor y periodista Ubetense,Juan Martínez de Úbeda.
    Son palabras agradecidas de poeta, a Don Fernando Crespo. Mi abuela materna, la modista de Úbeda, Antonia Hidalgo Pozas, vivía en la casa contigua, a la Sinagoga del Agua, en la calle Sabanillas, Roque Rojas. Desde pequeño veraneaba en Úbeda. En mi percepción de niño, ya nacido poeta, percibía algo especial, extraño, simbólico, celestial tal vez que me hacía pensar de un modo no indiferente.

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