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jueves, 9 de mayo de 2013

Altaïr se rinde ante la caída de publicidad



“La revista Altaïr tenía un equipo de redacción que trabajaba bien los temas y hacía trabajar bien a los colaboradores, que debían esforzarse en redondear perfectamente los textos. Lo mismo puede decirse de los responsables de la edición gráfica (con quienes tuve un contacto mucho menor). Al tratar destinos de forma monográfica, los cubrían en profundidad y me atrevo a decir que más que bien. Éstos iban desde tópicos tipo Londres, Roma y Berlín a apuestas arriesgadas como Kerala, Asia Central y Tahití, por lo que podía interesar a todo tipo de viajero. Como consecuencia de todo lo anterior, la revista desaparece del kiosko.” 

viernes, 1 de marzo de 2013

Kerala, la India de las especias, en la revista Altaïr


Kerala. Foto: Ángel M.Bermejo (c)
            Cuando me preguntan por mis destinos viajeros favoritos, casi siempre pienso en el sur de la India y, sobre todo, en Kerala. Es un estado minúsculo, una mínima parte del gran gigante indio, pero tiene unas características que lo hacen muy especial.

miércoles, 25 de enero de 2012

Islas Marquesas, 1: el sueño de viajar


Las islas Marquesas son el archipiélago más distante de un continente en todo el planeta. En medio del Pacífico, lejos de todo. No es de extrañar que ocupen un lugar destacado en los mitos viajeros.
Nadie se levanta un día y dice, de repente, 'me voy a las Marquesas'. Antes, siempre, ha habido muchos estímulos, muchos sueños alimentados por relatos, por narraciones de viajeros, por cuadros, por canciones, por películas... En este sentido, la lista de estímulos de las Marquesas es larga y muy sólida: Robert Louis Stevenson, Herman Melville, Paul Gauguin, Jack London, Jacques Brel, Victor Segalen...


Melville, que más tarde escribiría Moby Dick, fue el primero de los escritores occidentales que quedó deslumbrado por las Marquesas. Entonces trabajaba en un buque ballenero, y su llegada a Nuku Hiva y sus posteriores aventuras quedaron reflejadas en su libro Taipi, una narración de los Mares del Sur, que se convirtió en el banderín de enganche de todos los demás.
Nadie ha reflejado una arribada a puerto semejante, cuando su barco se adentró en la bahía de Taiohae y fue abordado por un grupo de jóvenes isleñas que llegaron a nado desde la orilla y dominaron la voluntad de los marinos. "El Dolly fue capturado y nunca vi un barco asaltado por una tan irresistible partida de piratas. Tomado el barco, nosotros no pudimos sino declararnos prisioneros y por todo el tiempo que estuvimos en la bahía el barco y la tripulación estuvo en manos de las sirenas”. Y continúa: “Las variadas danzas de las muchachas de las Marquesas son en extremo bellas, pero hay en su carácter un abandono voluptuoso que no intentaré describir” (traducción de J. Dóriga, publicada por Espasa-Calpe Argentina, 1950). Difícil resistirse al deseo de saltar al primer barco que salga con rumbo a las Marquesas. Y no es de extrañar que las islas de la Polinesia se convirtieran en la imagen del paraíso.


Yo me hubiera contentado con llegar a Nuku Hiva de manera más sobria, como Stevenson, a bordo de la Casco, una goleta de dos palos. Siempre soñé con encontrarme una madrugada en la bahía perfecta de Anahao, en el otro extremo de Nuku Hiva, y sentir lo que sintió al echar el ancla: "La goleta viró sobre sí misma, el áncora se sumergió. Débil fue el ruido, pero inmenso el acontecimiento; mi alma penetró, con esas amarras, hasta profundidades de las cuales ninguna cabria sabría extraerla, ningún buceador extraerla; a partir de aquel día, algunos de mis compañeros de a bordo y yo mismo nos convertimos en los esclavos de las islas Vivianas". Stevenson, evidentemente, nunca abandonó los Mares del Sur.
Unas páginas antes ya había hecho otra declaración de amor, de las que no se olvidan: "La primera impresión es siempre única. El primer amor, la primera aurora, el primer contacto con una isla de los mares del Sur son recuerdos aparte en nuestra vida y despiertan una especie de virginidad de los sentidos" (traducción de Agustín Esclasans, publicada por Ediciones B, 1999). Para Stevenson, su primera isla fue Nuku Hiva.
Altaïr acaba de publicar un monográfico sobre Tahití y las islas de la Polinesia Francesa, donde tengo el gusto de participar con un artículo sobre Nuku Hiva. Nada me gustaría más que este número entrara a formar parte de las obras que incitan a soñar con las lejanas islas de los Mares del Sur.

viernes, 4 de marzo de 2011

Revista Altaïr: Perú, Perú



La revista Altaïr está en el kiosko con un número 69 dedicado a Perú. Es el mismo país que ocupó el número 1. Aunque en más de una ocasión han tratado el destino Patagonia, en realidad es la primera vez que repiten un país como tal. Es, por tanto, como si hubieran dado la vuelta al mundo y empezaran con la siguiente. Felicidades.
El hecho de que los números de Altaïr sean monográficos permite profundizar en los temas. Y si han tardado 69 números en repetirse, y 12 años, está claro que la vuelta al mundo la han dado a conciencia. El que tenga la colección completa dispone de una enciclopedia consistente. El haber participado en varios de estos números y conocer las exigencias del equipo de redacción me permite asegurarlo.
¿Qué ocurre si comparamos las dos revistas, los números 1 y 69? Lo primero que llama la atención, lógicamente, son las portadas. En la primera tenemos un detalle, el retrato de un niño indígena peruano. Es puramente descriptiva: un peruano. Y la foto nos viene a decir “ellos son así”, y punto.
Sin embargo, en la de ahora, aparece un personaje que no sé si es la primera vez que vemos en una portada de Altaïr, pero que en cualquier caso lo hemos visto en pocas ocasiones en las fotos de esta revista: un viajero. Es una fotografía mucho más madura, tiene muchos más elementos, y permite identificarte con la persona que está allí, contemplando Machu Picchu. Y te hace pensar “yo quiero ser esa persona, yo quiero estar allí”.
Como dato curioso se puede decir que ambas fotografías son del mismo autor, el gran Gonzalo M. Azumendi, y de alguna manera se puede decir que representan (en una pequeña parte) su evolución como fotógrafo. Me dice Gonzalo que las fotos están hechas con 12 años de diferencia. A mí me parece que hace ahora fotografías mucho más interesantes y atractivas que hace años. Yo lo he visto trabajar y puedo decir que consigue crear imágenes geniales donde yo no veía que se pudiera rascar nada.
En los temas tratados en los textos se nota también una evolución interesante. En el número 1 -resumiendo- se dividía al país en zonas geográficas y se trataban temas históricos (culturas precolombinas, la conquista, etc.). En el 69 siguen presentes estos contenidos pero se amplía mucho lo que tiene que ver con la economía, la sociopolítica, etc. Parece que buscan un lector, si cabe, más exigente todavía, que quiere saber de la historia y la geografía del país, pero también de la situación actual del país, aunque sean aspectos considerados tradicionalmente de menor interés turístico.