viernes, 1 de abril de 2011

Riviera Maya VI: Tulum, la sevillana


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Ay, Tulum, Tulum. Vídeo: Ángel M. Bermejo (c)

El recorrido de la expedición de Grijalva continuó a lo largo de la costa de Yucatán, por lo que ahora es la Riviera Maya. El relato de Juan Díaz sigue así: “... y al día siguiente, cerca de ponerse el sol, vimos muy lejos un pueblo o aldea tan grande, que la ciudad de Sevilla no podría parecer mayor ni mejor; y se veía en él una torre muy grande. Por la costa andaban muchos Indios con dos banderas que alzaban y bajaban, haciéndonos señal de que nos acercásemos; pero el capitán no quiso. Este día llegamos hasta una playa...” 
¡¡¡Un pueblo que “la ciudad de Sevilla no podría parecer mayor ni mejor”!!! Esto lo escribió un sevillano, así que debía de saber de que hablaba. O es que tenía nostalgia el hombre. ¿O es que era un poco exagerado? 
Ese lugar, sin duda, era Tulum. Y aunque ahora, dado su éxito turístico, parece más concurrido que la calle Sierpes a la caída de la tarde, se hace difícil entender tal comparación.
Ocurre algo parecido en casi todos los recintos arqueológicos del mundo. Los restos actuales no reflejan casi nunca la grandeza que debió de tener el lugar en sus momentos de esplendor
En el caso de las ciudades mayas se dan varias razones: las viviendas, almacenes, talleres y prácticamente cualquier construcción estaban hechas con barro, cañas y hojas de palma, de las que no quedan restos cinco siglos después. Los únicos edificios de piedra eran los templos y las residencias de los mandamases. Por otra parte éstos debían de tener un aspecto diferente al actual, ya que estaban pintados de colores brillantes, pintura que ha desaparecido con el paso de los tiempos. 
En Tulum quedan ahora unos pocos edificios de piedra y la muralla que la protegía por tres lados; el cuarto, era el precipicio que se asoma al mar. La palabra tulum, en maya, significa “muralla”. 
Al ver lo que queda de estos lugares y compararlos con lo que fueron, se hace difícil no recordar los versos del sevillano Rodrigo Caro en la Canción a las ruinas de Itálica
   “Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
   campos de soledad, mustio collado,
   fueron un tiempo Itálica famosa.
   …
   Sólo quedan memorias funerales
   donde erraron ya sombras de alto ejemplo
   este llano fue plaza, allí fue templo;
   de todo apenas quedan las señales.

Algo así debieron de pensar John Lloyd Stephens y Frederick Catherwood en 1844 cuando visitaron la ciudad cubierta por la selva.

Imagen de Tulum dibujada por Catherwood.

El emplazamiento de Tulum, en cualquier caso, es soberbio: el Castillo, la construcción principal, se asoma al borde del precipicio, y parece que va a echar a volar en cualquier momento sobre el Caribe, que tiene aquí ese color irreal. Las olas baten contra la base de piedra, y una playa de arena blanca a cada lado añaden el punto perfecto a una imagen de inmensa belleza. Una de las playas está abierta al público, y la otra está reservada a las tortugas.
P.D. Esta entrada no es una promoción de las letras sevillanas; ha sido casualidad.

1 comentario:

  1. Aunque supongo que ya habrás dado buena cuenta de su lectura... . "Viaje a Yucatán" de Stephens y Catherwood. Imprescindible.

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