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| Foto: Gregor Krause. Tropenmuseum of the Royal Tropical Institute (KIT) |
Reportajes y fotos de viajes por todos los países del mundo. Naturaleza, cultura, patrimonio, literatura y tradiciones para encontrar y disfrutar la emoción del viaje.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Qué verde era mi Bali
lunes, 9 de enero de 2012
La Riviera Maya, en la portada de deViajes
miércoles, 14 de septiembre de 2011
The last roll of Kodachrome / El último carrete de Kodachrome
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| Cartel de la exposición The last roll of Kodachrome. Foto: Ángel M. Bermejo (c) |
¿Qué tienen en común Robert de Niro, Amitabh Bachchan, Ara Güler y Elliott Erwitt?
Recuerdo los viajes a América de 90 días con 90 carretes, la vuelta a casa, la tarea de meter cada rollo en un sobre que cerraba con una pestaña metálica, el paseo hasta el laboratorio que estaba al lado de la estación del Norte de Madrid, la espera de varios días, el paseo de vuelta al laboratorio y la emoción que se sentía al recibir la bolsa con todas las cajas amarillas. Esto último sonará a batallita del abuelo a los jóvenes, pero todo ello formaba parte del hecho de hacer fotos. Incluida la decepción por esa foto en la que se tenían tantas expectativas y que resultaba fallida.
martes, 26 de julio de 2011
No más cláusulas abusivas a los fotógrafos
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| Foto: Rafa Pérez (c) |
lunes, 25 de julio de 2011
No más concursos fotográficos abusivos
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| Foto: Rafa Pérez (c) |
miércoles, 20 de julio de 2011
Eugène Atget y las fotos del viejo París
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| Sede de la Fundación Mapfre en Madrid. Foto: Ángel M. Bermejo (c) Dentro de la historia de la fotografía, aquéllas clásicas de París forman para mí una categoría aparte. Me pones delante una foto en blanco y negro de París y me gusta. Otro día podemos hablar de Doisneau, de Brassaï y tantos otros, pero hoy toca acordarnos de uno muy anterior a ellos, Eugène Atget (1857-1927). La razón está clara: hay una estupenda exposición de sus fotografías en la sala de exposiciones Recoletos de la Fundación Mapfre en Madrid. Atget es un clásico de la historia de la fotografía, y así está reconocido en los libros de los que saben. Atget, sin embargo, sólo llegó a la fotografía después de fracasar en una larga serie de oficios. Empezó a hacer fotografías muy a finales del siglo XIX y para colmo lo hizo con técnicas que ya en ese tiempo eran antiguas, y se conformaba con considerarlas “documentos”. Y así documentó las formas de vida parisienses que en esa época estaban condenadas a desaparecer, debido sobre todo a las transformaciones planificadas por Haussmann. Fotografió vendedores ambulantes, mozos de mudanzas, cantantes callejeros, pescaderas, prostitutas, etc. Me encanta monsieur Atget. Sin embargo, en la mayor parte de sus fotografías no hay personas. Son rincones, calles, edificios, detalles de París. Las hacía generalmente al amanecer con una cámara antigua de placas sobre un trípode, y las copias las hacía por contacto casi siempre en papel albuminado. La ausencia de transeúntes confiere a las imágenes una curiosa sensación de vacío. Parece ser que a los surrealistas les encantaban estas imágenes mágicas e inquietantes de atmósferas vacías, eso que transita entre la realidad y el sueño. Atget quería ser un documentalista del viejo París que desaparecía y se convirtió en un revolucionario de la fotografía. Según Robert Desnos, sus fotos son el reflejo de la visión que un poeta lega a los poetas. Un detalle que merece la pena señalarse es que la mayoría de las fotografías que se muestran en la exposición son las copias originales que el propio Atget realizaba en su destartalado taller poco después de obtener la placa. Resulta emocionante estar delante de copias hechas por contacto en papel albuminado hace más de 100 años. El detalle es maravilloso. (Hay un libro estupendo con fotos de Atget publicado por Taschen: Paris, de esos que cuestan 9'95 euros; pero claro, no son copias por contacto en papel albuminado, y se nota). |
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miércoles, 22 de junio de 2011
Avilés, en la portada de deViajes
martes, 1 de marzo de 2011
Bob Dylan, el chico que iba del brazo de Suze Rotolo
sábado, 19 de febrero de 2011
García-Alix, Auserón, fotografía y recuerdos
viernes, 18 de febrero de 2011
Horacio Coppola, el fotógrafo clásico de Buenos Aires
jueves, 17 de febrero de 2011
Kertész y la buena fotografía
miércoles, 16 de febrero de 2011
Kertész y la excepcional fotografía húngara
miércoles, 9 de febrero de 2011
Sadie Quarrier, de National Geographic Magazine

Ayer, después de Dan Westergren (que habló el lunes), le tocó el turno a Sadie Quarrier de ofrecer una charla en la tienda de National Geographic en Madrid. Ambos han pasado por Madrid camino de La Palma para participar en Fotonature.
Sadie Quarrier es editora gráfica de National Geographic Magazine, además de formar parte del Comité de Exploraciones de la Sociedad. El tema de la charla era “Cómo crear un reportaje para National Geographic”. Con semejante título, la sala estaba a rebosar.
En la charla utilizó dos ejemplos: el reportaje sobre los agujeros azules de las Bahamas, de Wes C.Skiles (que lamentablemente murió días antes de que se publicara su reportaje en agosto de 2010) y la cueva más grande del mundo, en Vietnam, de Carsten Peter.
El tema de la charla era la fotografía, no el texto, de los que no se habló en ningún momento, ni de los agujeros azules de las Bahamas ni de la cueva de Vietnam.
Evidentemente, las fotos que enseñó eran espectaculares. Ambos reportajes son del tipo “esto sólo lo hacemos nosotros”, por el gran aparato técnico necesario para llevarlos a cabo. Impresionantes, por supuesto, tanto el montaje como las imágenes. Pero los reportajes fotográficos -ni siquiera en esta revista- no son todos de esa clase. Eché de menos un reportaje más sobrio en la realización, con ambiente de calle, de gente normal haciendo cosas, etc. Una muestra que nos diera pistas para temas que podamos hacer los demás, los que no somos de la élite y no podemos (ni probablemente queramos) usar toneladas de equipo para hacer una foto.
Como creo que nunca haré fotos en cuevas submarinas ni en cuevas no submarinas, pasé de detalles técnicos y me centré en obtener datos y pistas que sirvieran para todos.
Como es natural, lo que quieren es contar una historia. Para eso necesitan fotógrafos creativos, persistentes, trabajadores y talentosos.
Sadie trabaja en unos 20 temas cada año. Cada reportaje tarda (de media), desde que se plantea y se acepta, un año en terminarse.
Todos los fotógrafos (excepto uno) que trabajan para NatGeo son freelances.
Lo normal es que el fotógrafo pase varias semanas haciendo chorrocientas mil fotos en el destino, que vuelva a casa, que los editores seleccionen 40 fotos. Entonces se ve lo que falta, y el fotógrafo vuelve al lugar de la acción. Los fotógrafos sólo disparan en raw. Según Sadie en las fotos sólo se hacen ajustes menores de saturación, contraste, etc., y como mucho algún pequeño recorte. Nunca se quita ni se pone nada mediante Photoshop.
En el turno de preguntas se habló de los cambios que las nuevas tecnologías pueden traer a la revista. Ella prevé cambios drásticos en la prensa en los próximos cinco o diez años Nos dijo que ya tienen un equipo dedicado exclusivamente a la versión para iPad de la revista, y que probablemente National Geographic será la última revista del mundo que deje de publicarse en papel. Pero que, sea cual sea el soporte, lo importante es contar historias. Y para ellos la fotografía tendrá siempre un papel fundamental.
Ah. Se me olvidaba decir que pagan por semana de trabajo. Y que, de media, por un reportaje en National Geographic Magazine pueden pagar unos 35.000 $ (unos 25.500 €). El fotógrafo debe aportar su propio equipo.
Según Sadie Quarrier, ningún fotógrafo puede vivir exclusivamente de National Geographic.
martes, 8 de febrero de 2011
Dan Westergren, de National Geographic Traveler

Ayer fui a una charla que ofreció Dan Westergren en la nueva tienda de National Geographic en Gran Vía 74, en Madrid. Dan es fotógrafo y jefe de fotografía de National Geographic Traveler, pero ayer actuó solamente como fotógrafo, y concretamente en lo que a él le gusta: fotografiar en condiciones extremas (y frías). Para ello nos contó cómo se planteó dos reportajes: la ascensión al Kilimanjaro y el recorrido en esquíes del último grado (del 89 al 90) hasta llegar al Polo Norte.
Hizo un pase de fotos de ambos temas, algunas de ellas espectaculares.
La charla de Dan se movió en diferentes niveles, desde contar detalles personales a explicar conceptos técnicos de fotografía en condiciones extremas. Y también, algunas emociones que se sienten en esos momentos.
A Dan le gusta ir a sitios de acceso difícil, adonde no llega casi nadie más, y así saber que es el único que tiene una foto concreta.
Porque su objetivo es subir siempre un nivel más en la fotografía.
Para todo ello considera absolutamente necesario planear todo hasta el último detalle, y así conseguir estar en el sitio y en el momento adecuado.
Y Dan se recuerda continuamente a sí mismo que hay que hacer las fotos. Si no la haces, luego no la tienes. Éste es un concepto básico, tan básico que a veces se olvida.
Algunas veces se ha inspirado para las fotos en en películas o libros ilustrados que leyó de pequeño. No sólo en la obra de los grandes fotógrafos que estudias cuando eres adulto.
Una de las noches durante la ascensión al Kilimanjaro se dedicó a hacer fotos nocturnas de larga exposición. Ponía el trípode, se iba a dormir, ponía el despertador, a los 45 minutos se levantaba, salía otra vez del refugio, disparaba otra vez la cámara para otra larga exposición, se iba a dormir... Así toda la noche. Dan dice que hacía ese esfuerzo por una razón: porque National Geographic le paga por ello.
Vaya, pensé yo en ese momento. Conozco a muchos fotógrafos (había alguno en la sala en ese momento) que hacen esfuerzos semejantes pero por amor al arte.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Madrid desde el aire

La semana pasada fui a ver la exposición Asómate a Madrid, de fotografías aéreas de la Comunidad de Madrid realizadas por Ángel Fernández Rincón. Se ha inaugurado recientemente en la plaza de la Independencia, 6.
Hay algo especial, siempre, en las fotografías aéreas. Te enseñan un lugar desde un punto de vista que, lógicamente, está fuera del alcance de la mayoría. Y eso atrae, por definición.
En esta ocasión no estamos viendo paisajes lejanos, sino -en mi caso- lo más cercano posible. La ciudad en la que he nacido y las tierras que la rodean. Al ver la exposición estuve paseando por los lugares que mejor conozco del mundo: Madrid, Aranjuez, la sierra de Guadarrama, etc. ¿Y cuál es la gracia de ver fotos de lo que conoces? Pues que así lo conoces mucho mejor. Mucho mejor. Parece mentira, pero creo sinceramente que, veinte minutos después de entrar a ver la exposición, conocía mejor la tierra en la que he nacido y vivido desde entonces.
En esta exposición, en la que hay unas 40 fotografías de un trabajo más amplio, hay de todo: ciudades, pueblos, ríos, montañas, campos de cultivo, bosques, palacios, casitas, rascacielos, embalses, jardines, puentes, castillos, monasterios... Grandes ciudades, parajes desérticos y montañas nevadas. Y la cruz de Valle de los Caídos como nunca jamás la había visto (¡qué vértigo!).
De repente asumo que vivo en un lugar en el que se pasa en pocos kilómetros del paisaje alpino del Peñalara a las vegas feraces del Tajo o a zonas semidesérticas cerca del Jarama.
Hay fotos más o menos evidentes: el Palacio Real y la catedral de la Almudena, la Puerta de Alcalá, las torres que hay ahora en la antigua ciudad deportiva del Real Madrid.
Pero también hay imágenes realmente inesperadas, y éstas son las buenas. O al menos las que me interesan.
Un grupo de ciervos que huye de la presencia del helicóptero, y que recuerdan las imágenes que vemos de los parques africanos (sólo que a cuatro pasos de la Puerta del Sol). Campos de cultivo en los que un agricultor ha dibujado un rastro delirante (¿perseguiría a una mariposa con el tractor?).
La que más me gusta es la que muestra la visión de un momento fugaz: un paisaje helado. Un amanecer invernal, un frío que pela, unos campos en barbecho (sí, sí, ya sé que por lo descrito hasta ahora es lo menos agraciado posible para fotografiar, pero...). El Sol se cuela entre las nubes e ilumina el campo a salpicones. La escarcha que empieza a desaparecer. Diez minutos después de que se tomara esa foto esa imagen ya no existía.
Otro detalle: después de un año dedicado a la celebración del centenario de la Gran Vía, por fin veo una imagen nunca vista: una vista aérea en la que se juega con la luz y las sombras. ¿Por qué aparece esta foto ahora, cuando se acaba el año de la Gran Vía?











