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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Qué verde era mi Bali


Foto: Gregor Krause. Tropenmuseum of the Royal Tropical Institute (KIT)
En agosto de 1912, Gregor Krause —entonces un joven doctor alemán que trabajaba para el gobierno de las Indias Orientales holandesas— fue destinado al remoto puesto de Bangli, en el interior de la isla de Bali. Su trabajo era atender a la población local y su misión duró 18 meses.
Debemos pensar que Krause

lunes, 9 de enero de 2012

La Riviera Maya, en la portada de deViajes



 Siempre es bueno, para alguien como yo que lleva muchos años publicando reportajes en revistas y periódicos, empezar el año con una portada en los kioskos.
La revista deViajes publica en el número de enero un reportaje mío —texto y fotos, además de la portada— sobre la Riviera Maya, el gran destino turístico mexicano.
Tengo que reconocer que siempre había tenido una cierta prevención hacia la Riviera Maya, que consideraba un México falso, ajeno a la cultura y la vida del México real. He viajado por mi cuenta varias veces a México, y nunca había incluido este lugar entre mis destinos. Si siempre se dice que viajar te hace ver las cosas de una manera más amplia y con menos prejuicios, eso es lo que me pasó a mí. Viajé a la Riviera Maya con un objetivo profesional y me encontré con un lugar repleto de interés, con playas bellísimas, una naturaleza muy peculiar y apasionante. Tulum, al borde del Caribe, es una imagen mil veces vista en las fotos, pero es realmente hermoso. Y encontré a mucha gente apasionada por su trabajo. Éste último es un detalle que cada vez me interesa más, vaya donde vaya.
Éste es el número 153 de la revista deViajes. Puedo decir con orgullo que colaboro con esta revista desde el número 1, que es de las dos o tres que me obligan a trabajar con más profundidad los textos, que es prácticamente la única que me llama y me pide que haga un viaje para ellos. He hecho la cuenta y me sale que he publicado 70 reportajes —la mayoría texto y fotos— en estos 153 meses, con destinos que van desde Tenerife y el Expreso de La Robla a las Galápagos y los canales de la Patagonia, pasando por Estambul, Cachemira, Dubái, el Pantanal o las misiones de Chiquitos. Tengo unos cuantos más preparados para su publicación en los próximos meses.
La fotografía de la portada no es la mejor que he hecho en la vida, ni la que me ha costado más esfuerzo. Pero transmite una idea que es necesaria en el tema de los viajes y el turismo: es posible que quien la vea piense "yo quiero ser esa persona, yo quiero estar allí".
Poco después del viaje, realizado en marzo de 2011, publiqué algunas entradas en este blog. En ellas planteaba temas, comentarios e informaciones diferentes a los que se publican en las revistas. Éste es un tema sobre el que reflexiono frecuentemente, sobre si los contenidos de los blogs y las revistas deben ser diferentes o no. De momento, mientras una revista me pague por un tipo de contenidos, yo no puedo —creo que con toda lógica— adelantarlos en el blog.
¿Alguien tiene alguna idea que aportar al respecto de esta última reflexión?

miércoles, 14 de septiembre de 2011

The last roll of Kodachrome / El último carrete de Kodachrome

Cartel de la exposición The last roll of Kodachrome. Foto: Ángel M. Bermejo (c)


 ¿Qué tienen en común Robert de Niro, Amitabh Bachchan, Ara Güler y Elliott Erwitt?
Como la respuesta que busco no es que se trata de algunos de los actores y fotógrafos más importantes del mundo de las últimas décadas, plantearé la pregunta de otra forma.
¿Qué tienen en común Robert de Niro, un mago ambulante rabari, una señora que lee un sábado por la tarde en Washington Square y el cementerio de Parsons, Kansas?
Sí, tienen en común que todos aparecen en el último carrete de Kodachrome que se fabricó en el mundo.
Kodak es un nombre mítico en la historia de la fotografía. Fue la empresa que comercializó el primer rollo comercial de película transparente (en 1889), que inventó la película de 16 mm para el cine (en 1935) y, por supuesto, la que inventó la diapositiva Kodachrome (en 1936). Durante décadas fue la favorita de los reporteros debido a sus colores intensos y a la resistencia que mostraba ante condiciones de calor y humedad en cualquier lugar del mundo. Paul Simon le dedicó una canción en 1973.
Pero llegó la fotografía digital y la demanda cayó en picado. El 22 de junio de 2009, Kodak anunció que dejaba de fabricarla. Una historia de 74 años llegaba a su fin. El último laboratorio oficial que procesaba este tipo de película, Dwayne's Photo, se comprometía a hacerlo sólo hasta el 31 de diciembre de 2010.
El 14 de julio de 2010 le dieron el último carrete fabricado a Steve McCurry, uno de los fotógrafos más prestigiosos del mundo, miembro de la agencia Magnum y conocido por sus trabajos para National Geographic.
Y, cuando casi terminaba la historia de Kodachrome, empezó la historia del último carrete, la responsabilidad del fotógrafo de hacer algo importante con él. Para ello viajó muchos miles de kilómetros desde Nueva York a la India, a Estambul y de nuevo a Estados Unidos. Un fotógrafo que había disparado (supongo que en ocasiones alegremente) miles de carretes, se encontraba con que sólo podía apretar 36 veces el obturador.
He tenido ocasión de ver la exposición de estas fotografías este verano en Estambul, en el Istanbul Modern uno de los nuevos museos de esta ciudad fascinante. Un museo con colecciones y exposiciones espectaculares y en una ubicación espléndida. Dicen que es la primera vez que estas fotos se exponen en el mundo.
En estos tiempos de fotografía digital en los que puedes hacer mil fotos (disparar mil veces el obturador) en un solo día, resulta conmovedor recordar los tiempos en los que cada disparo contaba, cuando te ibas de viaje con cuatro carretes y sabías que tenías sólo 144 fotografías (a veces sonaba la flauta y salía la 37 en un carrete, pero era realmente inusual, sobre todo con Kodachrome). 
Recuerdo los viajes a América de 90 días con 90 carretes, la vuelta a casa, la tarea de meter cada rollo en un sobre que cerraba con una pestaña metálica, el paseo hasta el laboratorio que estaba al lado de la estación del Norte de Madrid, la espera de varios días, el paseo de vuelta al laboratorio y la emoción que se sentía al recibir la bolsa con todas las cajas amarillas. Esto último sonará a batallita del abuelo a los jóvenes, pero todo ello formaba parte del hecho de hacer fotos. Incluida la decepción por esa foto en la que se tenían tantas expectativas y que resultaba fallida.
Steve McCurry sólo perdió cinco de las 36 fotos que hizo con ese carrete, por lo que la exposición se compone de 31 fotografías. Hizo este trabajo con una Nikon F6 y con un objetivo 35 mm. f/2. La última fotografía la hizo en el cementerio de Parsons. Acabó el carrete y fue al laboratorio a entregarlo.
Se puede ver la serie completa de las fotografías aquí. Y un vídeo interesante en este otro enlace.
P.D. Steve McCurry no pudo resistir la tentación y se hizo un autorretrato; fue el disparo 32.


martes, 26 de julio de 2011

No más cláusulas abusivas a los fotógrafos


Foto: Rafa Pérez (c)

Continuamos con el tema de ayer.
En esa entrada del blog hacía dos previsiones. Una era que El País iba a rectificar inmediatamente las cláusulas abusivas que había planteado en el concurso Memorias de... un verano en lo referente a la cesión de derechos de los participantes y la barra libre de su uso por parte de Prisa. Lo hizo ayer por la tarde. En la página de Facebook de El Viajero pidieron disculpas y avisaron de los cambios realizados en parte de las bases, lo que es de agradecer. No debe de ser ajena a este cambio la presión que hemos realizado miles de fotógrafos enviando mensajes a la Defensora del Lector de El País, a la página de Facebook de El Viajero o a través de Twitter. Gran parte de esta energía se ha canalizado y concentrado gracias a la página de Facebook y al blog de ¡Stop cláusulas abusivas a los fotógrafos!
La segunda previsión que hacía es la complicada. Que este hecho puntual, la lucha para modificar unas cláusulas abusivas en un concurso concreto, va a suponer un antes y un después en la lucha por defender los derechos de los fotógrafos. Si se repite esta acción con todos los concursos que planteen cláusulas semejantes y se da publicidad a los resultados, dentro de poco nadie se atreverá a plantear bases semejantes en los concursos.
Dicho esto, no hay que olvidar que todo esto de los abusos en los concursos de fotografía no es más que una parte muy pequeña de los problemas a los que se enfrenta en la actualidad la profesión de fotógrafo. En la Prensa, que es donde yo desarrollo mi profesión, el deterioro es grandísimo. Algunas empresas sí nos respetan, pero otras muchas no. El éxito de ayer debe darnos ánimos para continuar la lucha en muchos frentes. La única opción que nos queda es la de unirnos para reivindicar la dignidad en el trabajo.

lunes, 25 de julio de 2011

No más concursos fotográficos abusivos

Foto: Rafa Pérez (c)


Quiero referirme a una perversión que se está poniendo de moda en los últimos tiempos: alguien (una fábrica de chocolatinas, un banco, un Ayuntamiento, quien sea) organiza un concurso fotográfico y, con el gancho de un premio (normalmente ridículo) exigen a los participantes que cedan los derechos sobre las fotografías presentadas y de este modo el organizador se arroga el derecho de utilizarlas a su voluntad. ¿Para hacer publicidad del concurso? ¿Para hacer una exposición en la Biblioteca Municipal? No, para utilizarlas a su antojo o, incluso, venderlas a terceros obteniendo un beneficio.
Esta actitud es perversa por diferentes motivos.
Por una parte, al disponer de un banco de imágenes, esa empresa, Ayuntamiento, etc. no necesita, o necesita en mucha menor medida, los servicios de fotógrafos profesionales para obtener las fotografías necesarias en cualquier ámbito de su actividad. Todo ello repercute de manera muy negativa en la actividad profesional de los fotógrafos.
Siendo grave lo dicho en el párrafo anterior, me parece todavía peor el componente inmoral, ilegal, carente del mínimo asomo de ética, que permite a alguien escribir: “para poder participar, el concursante debe renunciar a un derecho reconocido por la Ley”. Hasta ahora, el participante en muchos concursos debe ceder todos los derechos de autor, de propiedad intelectual, a los organizadores de muchos de ellos, lo gane o no, para poder participar. A este paso, dentro de poco leeremos condiciones del estilo: “para poder participar, el concursante debe ceder el derecho a voto al organizador, que lo utilizará a su antojo en las próximas 14 elecciones municipales, autonómicas y generales”. ¿Impensable, verdad? Pues esto es igual de inmoral e ilegal que lo que ocurre todos los días.
La semana pasada se ha dado una vuelta de tuerca definitiva en todo ello. El diario El País, a través de la sección El Viajero, ha convocado un concurso fotográfico titulado Memorias de... un verano, en el cual, a cambio de un premio (un viaje en el que no todo está incluido, por ejemplo los 990 euros que cuestan las entradas a parques nacionales, reservas, etc. en Kenia y Tanzania), no sólo el Viajero sino el Grupo Prisa (la editora de El País y de muchas otras publicaciones) se arroga el derecho a utilizar todas las fotos. Sin pagarlas.
Digo que es una vuelta de tuerca definitiva por dos razones. Primera, porque la entidad convocante es una empresa editora de prensa que lleva mucho tiempo en el negocio, y que no es por tanto ajena a los conceptos de derechos de autor, propiedad intelectual, etc. No me cabe la menor duda de que El País va a reaccionar inmediatamente modificando algunas cláusulas del concurso.
Y segundo, estoy seguro de que este caso concreto va a suponer un antes y un después en lo referente a esta barra libre de derechos de los fotógrafos (sean profesionales o no) que se vive en estos tiempos. Páginas de Facebook como Stop cláusulas abusivas a los fotógrafos están canalizando un movimiento que no va a parar. Cada vez que alguien organice un concurso con cláusulas abusivas va a tener a miles de fotógrafos quejándose y solicitando los cambios pertinentes.
Quiero pensar que las posibilidades que ofrecen las redes sociales de compartir ideas e inquietudes y de unir fuerzas van a dar resultado en este caso. Pero quedan muchos otros temas pendientes. Seguiremos informando.   

miércoles, 20 de julio de 2011

Eugène Atget y las fotos del viejo París

Sede de la Fundación Mapfre en Madrid. Foto: Ángel M. Bermejo (c)


Dentro de la historia de la fotografía, aquéllas clásicas de París forman para mí una categoría aparte. Me pones delante una foto en blanco y negro de París y me gusta. Otro día podemos hablar de Doisneau, de Brassaï y tantos otros, pero hoy toca acordarnos de uno muy anterior a ellos, Eugène Atget (1857-1927). La razón está clara: hay una estupenda exposición de sus fotografías en la sala de exposiciones Recoletos de la Fundación Mapfre en Madrid.
Atget es un clásico de la historia de la fotografía, y así está reconocido en los libros de los que saben. Atget, sin embargo, sólo llegó a la fotografía después de fracasar en una larga serie de oficios. Empezó a hacer fotografías muy a finales del siglo XIX y para colmo lo hizo con técnicas que ya en ese tiempo eran antiguas, y se conformaba con considerarlas “documentos”. Y así documentó las formas de vida parisienses que en esa época estaban condenadas a desaparecer, debido sobre todo a las transformaciones planificadas por Haussmann. Fotografió vendedores ambulantes, mozos de mudanzas, cantantes callejeros, pescaderas, prostitutas, etc. Me encanta monsieur Atget.
Sin embargo, en la mayor parte de sus fotografías no hay personas. Son rincones, calles, edificios, detalles de París. Las hacía generalmente al amanecer con una cámara antigua de placas sobre un trípode, y las copias las hacía por contacto casi siempre en papel albuminado. La ausencia de transeúntes confiere a las imágenes una curiosa sensación de vacío. Parece ser que a los surrealistas les encantaban estas imágenes mágicas e inquietantes de atmósferas vacías, eso que transita entre la realidad y el sueño.
Atget quería ser un documentalista del viejo París que desaparecía y se convirtió en un revolucionario de la fotografía. Según Robert Desnos, sus fotos son el reflejo de la visión que un poeta lega a los poetas.
Un detalle que merece la pena señalarse es que la mayoría de las fotografías que se muestran en la exposición son las copias originales que el propio Atget realizaba en su destartalado taller poco después de obtener la placa. Resulta emocionante estar delante de copias hechas por contacto en papel albuminado hace más de 100 años. El detalle es maravilloso. (Hay un libro estupendo con fotos de Atget publicado por Taschen: Paris, de esos que cuestan 9'95 euros; pero claro, no son copias por contacto en papel albuminado, y se nota).



También está esa extraña sensación de ver fotos de personas y cosas que ya no existen. Personas que trabajaban en las calles de París hace más de un siglo. Los edificios están perfectamente identificados: calle, número y distrito. Sólo que ya no existen.

P.D. Me hubiera gustado hacer alguna foto de la sala de exposiciones, gente mirando las fotos o algo así, pero el vigilante me advirtió de que estaba terminantemente prohibido.


miércoles, 22 de junio de 2011

Avilés, en la portada de deViajes



Estoy pensando que el viaje a Asturias me ha traído suerte. Por un lado pude participar en un encuentro entre blogueros y empresarios turísticos asturianos en el Centro Niemeyer y además compartir tres días de viaje por el Principado en compañía de algunos compañeros cuyo trabajo admiro.
Además, la entrada Todos quieren ir a Avilés se ha convertido en la más leída de la pequeña historia de este blog.
Luego me quedé unos días para realizar un reportaje sobre las tres ciudades asturianas: Avilés, Gijón y Oviedo. El reportaje ha salido en el número 147 de julio (que ha llegado al kiosko a mediados de junio) de la revista deViajes, y una fotografía mía del Centro Niemeyer aparece en la portada.
Está claro que el Niemeyer es un lugar extremadamente fotogénico (en el kiosko hay otra revista de viajes que lo trae a portada este mes) que me ha permitido tomar una ingente cantidad de fotos. Fui tres días en distintos momentos del día, para tener diferentes luces. Incluso estando a la misma hora, las condiciones de luz pueden ser muy diferentes de un día a otro.
La foto de la portada está tomada colocando la cámara en el suelo para buscar un encuadre diferente, uno que hasta ese momento no había visto nunca en las fotos del Centro. Lo hago de vez en cuando, y para ello uso un nivel que pongo en la zapata del flash para poder nivelar el encuadre. 

martes, 1 de marzo de 2011

Bob Dylan, el chico que iba del brazo de Suze Rotolo


Las portadas de los discos guardan buena parte de la historia del siglo XX. En todos los estilos, de todos los países. Algunas de ellas tienen fotografías que forman parte del imaginario colectivo, que han perdurado a veces más que la música que contenía el álbum.

sábado, 19 de febrero de 2011

García-Alix, Auserón, fotografía y recuerdos



Yo creo que, si hubiera tenido un poco de dinero suelto en la cartera, en Arco habría comprado el retrato que le hizo Alberto García-Alix a Santiago Auserón en 1987. La foto tiene varios atractivos: es un documento, tiene un encuadre espectacular, es una copia única, vintage,  etc. En cualquier caso, me parece una gran foto. Además, para mí, y supongo que para muchos de mi generación, tiene la fuerza del recuerdo, la fuerza que trae de repente la memoria de otra época.
El arte, la creación, en este caso la fotografía, todo lleva su propio camino, y a veces toca resortes que hacen desplegar emociones. De todo lo que había en Arco, me quedo con esta foto.
Se puede ver, en pequeñito, en la foto que hice. Es la que está abajo, a la derecha.


viernes, 18 de febrero de 2011

Horacio Coppola, el fotógrafo clásico de Buenos Aires


Parece que para mí esta semana ha sido la de la fotografía clásica. Después de la exposición de André Kertész de la Fundación Carlos de Amberes, ayer fui a Arco, y descubrí unas fotos de dos fotógrafos: Horacio Coppola y Grete Stern en el stand de la galería Jorge Mara - La Ruche.
Horacio Coppola es el gran fotógrafo clásico de Buenos Aires. Clásico pero dentro de la modernidad. Creo que es el que ha generado esa imagen que tenemos de la capital argentina de los años 30-50 del siglo pasado, cuando era esa gran urbe, una de las más ricas del mundo.
Sus fotos me han recordado la película La señal, de Ricardo Darín, ambientada en 1952, en la que el personaje (un detective privado) hace fotos como parte de su trabajo.
En los últimos años ha habido un par de exposiciones en Madrid. Dos textos sobre ellas: uno y dos.
Aquí hay dos vídeos en los que aparecen imágenes de Horacio Coppola: uno y dos.

jueves, 17 de febrero de 2011

Kertész y la buena fotografía

Como postdata a la entrada de ayer, y respondiendo a una pregunta que dejó Frikosal en los comentarios, sugiero que pinchéis aquí y luego aquí. 
Y que comprobéis las fechas.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Kertész y la excepcional fotografía húngara


Ayer se inauguró en la sala de exposiciones de la Fundación Carlos de Amberes de Madrid una exposición de fotografías del húngaro André Kertész, uno de los grandes.
La exposición está organizada con motivo de la presidencia húngara de la Unión Europea.
Kertész fue uno de los pioneros en el uso de las cámaras pequeñas (Leica, por supuesto), lo que le permitió innovar. Muchas de las cosas que hacen los fotógrafos actuales ya las hizo Kertész hace décadas. Ya lo dijo Henri Cartier-Bresson: “Inventemos lo que inventemos, Kertész fue el primero”.
Lo que quiero destacar ahora, aparte de la importancia de esta colección, es el número sorprendente alto de fotógrafos de primer orden de origen húngaro.
El más famoso de todos es Robert Capa, pero nosotros deberíamos recordar especialmente a Juan Gyenes. En nuestra memoria colectiva hay muchas fotos suyas, desde una de Francisco Franco que se usó en los sellos a la primera fotografía oficial de Juan Carlos I. Y muchas otras más, claro.
Otros fotógrafos húngaros excepcionales han sido Paul Almásy, Cornell Capa y Martin Munkácsi.
También uno de mis favoritos, Brassaï, nació en Brassó, en lo que entonces era Hungría, aunque esa localidad ahora pertenezca a Rumanía.
Algunas fotos de Kertész, aquí.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Sadie Quarrier, de National Geographic Magazine

Sadie Quarrier. Foto: Ángel M. Bermejo (c)

Ayer, después de Dan Westergren (que habló el lunes), le tocó el turno a Sadie Quarrier de ofrecer una charla en la tienda de National Geographic en Madrid. Ambos han pasado por Madrid camino de La Palma para participar en Fotonature.

Sadie Quarrier es editora gráfica de National Geographic Magazine, además de formar parte del Comité de Exploraciones de la Sociedad. El tema de la charla era “Cómo crear un reportaje para National Geographic”. Con semejante título, la sala estaba a rebosar.

En la charla utilizó dos ejemplos: el reportaje sobre los agujeros azules de las Bahamas, de Wes C.Skiles (que lamentablemente murió días antes de que se publicara su reportaje en agosto de 2010) y la cueva más grande del mundo, en Vietnam, de Carsten Peter.

El tema de la charla era la fotografía, no el texto, de los que no se habló en ningún momento, ni de los agujeros azules de las Bahamas ni de la cueva de Vietnam.

Evidentemente, las fotos que enseñó eran espectaculares. Ambos reportajes son del tipo “esto sólo lo hacemos nosotros”, por el gran aparato técnico necesario para llevarlos a cabo. Impresionantes, por supuesto, tanto el montaje como las imágenes. Pero los reportajes fotográficos -ni siquiera en esta revista- no son todos de esa clase. Eché de menos un reportaje más sobrio en la realización, con ambiente de calle, de gente normal haciendo cosas, etc. Una muestra que nos diera pistas para temas que podamos hacer los demás, los que no somos de la élite y no podemos (ni probablemente queramos) usar toneladas de equipo para hacer una foto.

Como creo que nunca haré fotos en cuevas submarinas ni en cuevas no submarinas, pasé de detalles técnicos y me centré en obtener datos y pistas que sirvieran para todos.

Como es natural, lo que quieren es contar una historia. Para eso necesitan fotógrafos creativos, persistentes, trabajadores y talentosos.

Sadie trabaja en unos 20 temas cada año. Cada reportaje tarda (de media), desde que se plantea y se acepta, un año en terminarse.

Todos los fotógrafos (excepto uno) que trabajan para NatGeo son freelances.

Lo normal es que el fotógrafo pase varias semanas haciendo chorrocientas mil fotos en el destino, que vuelva a casa, que los editores seleccionen 40 fotos. Entonces se ve lo que falta, y el fotógrafo vuelve al lugar de la acción. Los fotógrafos sólo disparan en raw. Según Sadie en las fotos sólo se hacen ajustes menores de saturación, contraste, etc., y como mucho algún pequeño recorte. Nunca se quita ni se pone nada mediante Photoshop.

En el turno de preguntas se habló de los cambios que las nuevas tecnologías pueden traer a la revista. Ella prevé cambios drásticos en la prensa en los próximos cinco o diez años Nos dijo que ya tienen un equipo dedicado exclusivamente a la versión para iPad de la revista, y que probablemente National Geographic será la última revista del mundo que deje de publicarse en papel. Pero que, sea cual sea el soporte, lo importante es contar historias. Y para ellos la fotografía tendrá siempre un papel fundamental.

Ah. Se me olvidaba decir que pagan por semana de trabajo. Y que, de media, por un reportaje en National Geographic Magazine pueden pagar unos 35.000 $ (unos 25.500 €). El fotógrafo debe aportar su propio equipo.

Según Sadie Quarrier, ningún fotógrafo puede vivir exclusivamente de National Geographic.

martes, 8 de febrero de 2011

Dan Westergren, de National Geographic Traveler


Ayer fui a una charla que ofreció Dan Westergren en la nueva tienda de National Geographic en Gran Vía 74, en Madrid. Dan es fotógrafo y jefe de fotografía de National Geographic Traveler, pero ayer actuó solamente como fotógrafo, y concretamente en lo que a él le gusta: fotografiar en condiciones extremas (y frías). Para ello nos contó cómo se planteó dos reportajes: la ascensión al Kilimanjaro y el recorrido en esquíes del último grado (del 89 al 90) hasta llegar al Polo Norte.

Hizo un pase de fotos de ambos temas, algunas de ellas espectaculares.

La charla de Dan se movió en diferentes niveles, desde contar detalles personales a explicar conceptos técnicos de fotografía en condiciones extremas. Y también, algunas emociones que se sienten en esos momentos.

A Dan le gusta ir a sitios de acceso difícil, adonde no llega casi nadie más, y así saber que es el único que tiene una foto concreta.

Porque su objetivo es subir siempre un nivel más en la fotografía.

Para todo ello considera absolutamente necesario planear todo hasta el último detalle, y así conseguir estar en el sitio y en el momento adecuado.

Y Dan se recuerda continuamente a sí mismo que hay que hacer las fotos. Si no la haces, luego no la tienes. Éste es un concepto básico, tan básico que a veces se olvida.

Algunas veces se ha inspirado para las fotos en en películas o libros ilustrados que leyó de pequeño. No sólo en la obra de los grandes fotógrafos que estudias cuando eres adulto.

Una de las noches durante la ascensión al Kilimanjaro se dedicó a hacer fotos nocturnas de larga exposición. Ponía el trípode, se iba a dormir, ponía el despertador, a los 45 minutos se levantaba, salía otra vez del refugio, disparaba otra vez la cámara para otra larga exposición, se iba a dormir... Así toda la noche. Dan dice que hacía ese esfuerzo por una razón: porque National Geographic le paga por ello.

Vaya, pensé yo en ese momento. Conozco a muchos fotógrafos (había alguno en la sala en ese momento) que hacen esfuerzos semejantes pero por amor al arte.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Madrid desde el aire


La semana pasada fui a ver la exposición Asómate a Madrid, de fotografías aéreas de la Comunidad de Madrid realizadas por Ángel Fernández Rincón. Se ha inaugurado recientemente en la plaza de la Independencia, 6.

Hay algo especial, siempre, en las fotografías aéreas. Te enseñan un lugar desde un punto de vista que, lógicamente, está fuera del alcance de la mayoría. Y eso atrae, por definición.

En esta ocasión no estamos viendo paisajes lejanos, sino -en mi caso- lo más cercano posible. La ciudad en la que he nacido y las tierras que la rodean. Al ver la exposición estuve paseando por los lugares que mejor conozco del mundo: Madrid, Aranjuez, la sierra de Guadarrama, etc. ¿Y cuál es la gracia de ver fotos de lo que conoces? Pues que así lo conoces mucho mejor. Mucho mejor. Parece mentira, pero creo sinceramente que, veinte minutos después de entrar a ver la exposición, conocía mejor la tierra en la que he nacido y vivido desde entonces.

En esta exposición, en la que hay unas 40 fotografías de un trabajo más amplio, hay de todo: ciudades, pueblos, ríos, montañas, campos de cultivo, bosques, palacios, casitas, rascacielos, embalses, jardines, puentes, castillos, monasterios... Grandes ciudades, parajes desérticos y montañas nevadas. Y la cruz de Valle de los Caídos como nunca jamás la había visto (¡qué vértigo!).

De repente asumo que vivo en un lugar en el que se pasa en pocos kilómetros del paisaje alpino del Peñalara a las vegas feraces del Tajo o a zonas semidesérticas cerca del Jarama.

Hay fotos más o menos evidentes: el Palacio Real y la catedral de la Almudena, la Puerta de Alcalá, las torres que hay ahora en la antigua ciudad deportiva del Real Madrid.

Pero también hay imágenes realmente inesperadas, y éstas son las buenas. O al menos las que me interesan.

Un grupo de ciervos que huye de la presencia del helicóptero, y que recuerdan las imágenes que vemos de los parques africanos (sólo que a cuatro pasos de la Puerta del Sol). Campos de cultivo en los que un agricultor ha dibujado un rastro delirante (¿perseguiría a una mariposa con el tractor?).

La que más me gusta es la que muestra la visión de un momento fugaz: un paisaje helado. Un amanecer invernal, un frío que pela, unos campos en barbecho (sí, sí, ya sé que por lo descrito hasta ahora es lo menos agraciado posible para fotografiar, pero...). El Sol se cuela entre las nubes e ilumina el campo a salpicones. La escarcha que empieza a desaparecer. Diez minutos después de que se tomara esa foto esa imagen ya no existía.

Otro detalle: después de un año dedicado a la celebración del centenario de la Gran Vía, por fin veo una imagen nunca vista: una vista aérea en la que se juega con la luz y las sombras. ¿Por qué aparece esta foto ahora, cuando se acaba el año de la Gran Vía?